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Honduras, tres mundos por descubrir

Por Verónica Durán Castelló, agencia EFE. Desde Tegucigalpa. | 20 de Abril de 2007 a las 00:00
En Honduras coexisten tres mundos, tres gracias, motivo de orgullo nacional: su naturaleza tropical, rica en fauna y flora; sus reliquias arqueológicas, herencia de los Maya; y la cultura caribeña, una costa que se desarrolló gracias a la industria bananera y que hoy conserva su encanto. Pese a ser uno de los países más pobres del continente americano, y a estar aun recuperándose del desastre causado por el Huracán Mitch, que en 1998 causó la muerte a unas cinco mil personas, este territorio con casi siete millones de habitantes posee todas las herramientas para convertirse en un destino turístico privilegiado. Centroamérica, sigue siendo un tesoro por descubrir. La crisis política de los años 80 que dividió y desangró la zona debido a la lucha entre las distintas facciones de izquierda y derecha, mantuvo a la región aislada del resto del mundo. Hoy el territorio se muestra unido y enseña su riqueza: el esplendor de la naturaleza y la genialidad de los pueblos que han habitado su tierra, dejando un legado invaluable para la humanidad. Honduras –el segundo país en tamaño de Centroamérica, después de Nicaragua- fue bautizado por Cristóbal Colon, quien en su cuarto y ultimo viaje a América se sorprendió por la profundidad de sus costas. Colón, arribó a las costas hondureñas en 1502 y la llamó "Tierra de profundidades". Una tierra que resultaría muy difícil de conquistar. Siguiendo los pasos de Colón, veinte años más tarde, los conquistadores Gil González Dávila y Cristóbal de Olid intentaron someter al pueblo indígena pero encontraron una gran resistencia por parte de la tribu lenca, cuyo líder Lempira pasó a la historia como un gran héroe por su valentía en la lucha contra los españoles. Los conquistadores fundaron poblados a lo largo de la costa caribeña y la zona pasó a formar parte de la Capitanía General del Reino de Guatemala, conformada por Chiapas, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. La Capitanía hacia parte, a su vez, del Virreinato de Nueva España. El 15 de septiembre de 1821 el territorio centro-americano se independizó de España y se unió al Imperio Mexicano de Agustín Iturbide. Un año más tarde el libertador mexicano fue coronado emperador, bajo el nombre de Agustín I. Dos años después, Honduras se convirtió en una federación de la República Federal de Centroamérica, que abarcaba cinco estados: Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica. La unión Centroamérica se disolvió entre 1838 y 1840, y Honduras se proclamó independiente en 1839, siendo su primer presidente Francisco Ferrera (1841-1845). La época de la colonia dejó un destacado legado cultural en Honduras. Tegucigalpa, una simpática ciudad colonial, es la capital de Honduras que nació como campamento minero de oro y plata en 1524, y en 1880 se convirtió en la ciudad más importante del país. Por su parte, Comayagua, fue la primera capital de Honduras y hoy conserva varias construcciones de la época colonial, plazas, casas señoriales y calles empedradas, que recuerdan su gloria pasada. Honduras tiene a su favor la diversidad de su flora y fauna, típicas del trópico, la herencia arqueológica maya y la diversidad de su cultura. Tres mundos distintos que se complementan. Uno de estos "mundos" lo constituye su clima tropical. Este país disfruta de todas las benevolencias del clima tropical. No hay estaciones marcadas, y la temperatura varía de acuerdo a la altura sobre el nivel del mar en que se encuentra cada zona. En la costa, zona bananera por excelencia, hace calor todo el año y en lo alto de las montanas, cubiertas de espesos bosques donde crecen las orquídeas, hace frío. El territorio hondureño está marcado por los contrastes, propios del trópico y donde, según la altitud de cada territorio, se da una determinada flora y fauna: desde la exuberancia de la costa, la frondosidad de la selva húmeda tropical, hasta la belleza de las montañas nubladas. Cada zona está habitada por distintos animales, que embellecen el entorno, guacamayas, tigrillos, cocodrilos, tiburones, tortugas, venados y jaguares, entre otros. El segundo tesoro hondureño, son las ruinas maya. Honduras posee uno de los sitios arqueológicos más bellos de toda la región. Copán es una obra maestra y destaca por sus abundantes esculturas ricamente labradas. Los maya habitaron México y Centroamérica. Dicha cultura habitó el occidente de Honduras y, en su apogeo, Copán llegó a albergar a más de 20.000 habitantes. Fue construida a partir del año 1000 a.C. y abandonada hacia el año 900 d.C. Destacan las ruinas de la Acrópolis con sus cortes y templos, la Gran Plaza, y la Escalinata Jeroglífica, llamada así por la cantidad de dibujos esculpidos sobre toda su superficie. Actualmente el sitio sigue siendo un centro importante de investigaciones arqueológicas y se continúa excavando la zona. Son muchos los recientes descubrimientos que han salido a la luz, dentro de los que se encuentra un buen numero de esculturas. El Museo de Escultura en Copán fue construido para proteger y albergar la mayoría de las obras originales. Allí se puede apreciar una escala exacta del monumental Templo Rosalila descubierto recientemente debajo de la Acrópolis. La tercer joya, motivo de orgullo de Honduras, es su caribe, una zona frondosa, colorida y fértil, próspera tierra de cultivo bananero. En la costa del caribe se encuentran diversos pueblos que se desarrollaron bajo la explotación bananera estadounidense como Puerto Cortés, Tela, La Ceiba y Trujillo. La Ceiba, está situada en las faldas del Pico Bonito y sigue siendo una zona bananera. Por su parte, Trujillo fue un próspero puerto y la capital colonial de Honduras. Hoy conserva varios edificios antiguos de estilo español y posee unas preciosas playas. Asimismo, las costas al Sur y al Norte están rodeadas de antiguos y extensos crecimientos de manglares y lagunas costeras de singular belleza, y conocidas como "Costa del Mosquito", un bosque húmedo tropical y pequeño pulmón de Honduras. A unos 100 kilómetros de la costa Atlántica se encuentran las Islas de la Bahía, un archipiélago con tres islas principales, Roatán, Guanaja y Utila y varios islotes pequeños, un paraíso acuático donde se halla la segunda barrera de arrecifes coralinos más grande del mundo, después de la existente en Australia.

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