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Salvadoreños prefieren no viajar a Guatemala

Por Luisa F. Rodríguez, diario Prensa Libre, de Guatemala. | 22 de Abril de 2007 a las 00:00
Peligran la convivencia armoniosa y la confianza que durante años se han tenido guatemaltecos y salvadoreños entre sí. El crimen contra tres diputados de El Salvador al Parlamento Centroamericano, cometido en territorio guatemalteco, y la noticia de asaltos a algunos ciudadanos de ese país, han enrarecido el ambiente, a tal punto que desde El Salvador se han lanzado campañas para evitar que sus conciudadanos visiten Guatemala. Pero la cosa no se ha quedado ahí; algunos guatemaltecos que han viajado al vecino país han sido víctimas de burla, insultos o agresiones por parte de salvadoreños, quienes se justifican diciendo que son ellos los agredidos –por la violencia común– al venir a Guatemala. El guatemalteco Marvin González, quien tiene dos años de residir en El Salvador, cuenta la pena que sintió en esos días, la vergüenza que aún siente por el crimen y la esperanza de que algún día las cosas queden en el olvido y se mejore la relación entre ambos países. "Muchos en el trabajo sabían que yo era guatemalteco y se acercaban a molestarme", relata, por teléfono. Al igual que él, varios compatriotas que residen en ese país coinciden en que han sido víctimas de burlas; incluso, algunos aseguran que en el calor de los tragos o cuando han visto que sus carros son guatemaltecos, han recibido insultos y provocaciones violentas, y algunos hasta han sido apedreados. El también guatemalteco Carlos García tiene seis años de residir en El Salvador, y explica que después del asesinato de los diputados prefiere no utilizar el carro que trajo de Guatemala para no ser objeto de insultos, y utiliza uno con placas salvadoreñas. "El otro día nos gritaron: ¡Asesinos, regresen a su país!", se queja. El embajador de Guatemala en El Salvador, José Luis Chea Urruela, aseguró que no ha recibido información sobre guatemaltecos que hayan sido víctimas de agresiones o violencia en ese país, pero reconoció los problemas que se viven. "La hermandad entre ambos persiste, pero la confianza se ha roto; tenemos que hacer mucho para volverla a ganar", comenta. Las buenas relaciones que históricamente han mantenido Guatemala y El Salvador, países hermanos y aliados comerciales, cambiaron el 19 de febrero recién pasado, cuando los parlamentarios salvadoreños Eduardo D’aubuisson, William Pichinte y José Ramón González, de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista, fueron asesinados. La noticia golpeó a la población de ambos países, a sus autoridades y a la comunidad internacional. La conmoción fue mayor cuando se señaló a agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) guatemalteca de haber cometido el crimen. Tres días después de éste, fueron capturados cuatro altos mandos de esa institución y, 48 horas más tarde, los asesinaron en una cárcel de máxima seguridad. Fue allí cuando empezó el distanciamiento, aseguran fuentes cercanas a la Presidencia guatemalteca. Dirigentes políticos de ambos países incrementaron la fuerza y volaron señalamientos de uno y otro lados. De parte de Guatemala se insinuaba la participar de los diputados en el narcotráfico, conjetura que no ha sido probada, y del lado salvadoreño se exigía el esclarecimiento del crimen y la renuncia de las autoridades de Gobernación guatemaltecas. Pese al crimen, las relaciones diplomáticas entre ambos países se mantuvieron cordiales, hasta que Antonio Saca aprovechó su visita a Estados Unidos, antes de la gira de Bush por Latinoamérica, para evidenciar las deficiencias del gobierno de Óscar Berger.

No viajen a Guatemala

Las historias de otros asaltos a salvadoreños y algunos problemas ocurridos en las carretera de este país eran la tónica de las conversaciones en la nación vecina. La guerra de palabras y los señalamientos se trasladó a Internet, donde empezaron a circular correos electrónicos que cuestionaban la supuesta inacción de las autoridades guatemaltecos; se hacían incluso bromas sobre la fragilidad del sistema de justicia de este país. Empresarios y operadores salvadoreños de viajes aprovecharon para insistir en que Guatemala no era un destino seguro, y se dieron a la tarea de promocionar el turismo interno; antes, los vecinos preferían venir a descansar a este país, donde las cosas son más baratas. "No es Guatemala. ¿Por qué dices que aquí no hay nada que ver, si aún no conoces todo lo que El Salvador te puede ofrecer?", fue una de las frases que utilizaron los operadores durante la campaña turística que lanzaron esos días. En los principales medios escritos de aquel país, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, se hicieron comunes las historias de salvadoreños que habían sido asaltados al ingresar en Guatemala o que habían sido "asaltados" por la PNC. Las consecuencias de estos dimes y diretes se podían predecir: en Semana Santa, el número de visitantes sería menor, y así fue. Este año, según el Instituto Guatemalteco de Turismo, sólo ingresaron 40 mil salvadoreños en comparación con los 46 mil que lo hicieron el año recién pasado. Herbert Sermeño, presidente de la Asociación Salvadoreña de Tour Operadores, reconoce que sus compatriotas tienen temor de venir a este país por los indicadores de violencia y porque continúan siendo víctimas de extorsiones por parte de policías guatemaltecos. "Hemos recibido quejas de que los agentes están extorsionando, por eso recibimos con alegría la noticia de que esa institución va a ser depurada", comenta Sermeño. Jorge Daboud, presidente de la Cámara de Comercio e Industria salvadoreña, asegura que están preocupados por las repercusiones que puede tener para las economías de ambos países. "Somos socios estratégicos, y el tema de la delincuencia no debe limitar el comercio. Hemos recomendado tomar las precauciones del caso, pero hemos insistido en que el 65 por ciento de nuestras importaciones y el 55 por ciento de nuestras exportaciones van a Guatemala". Willy Kaltschmitt, comisionado presidencial para el turismo, lamentó que haya habido baja de turistas salvadoreños y comentó que se esfuerzan en intensificar la seguridad y ganarse la confianza de sus vecinos. Pero no todos han dejado de visitar el país. Carlos Romero, ciudadano salvadoreño que pasó la Semana Santa en Río Dulce y Lívingston, Izaba, aseguró que El Salvador y Guatemala viven situaciones parecidas de violencia. "En ambos países compartimos problemas; a nadie lo secuestran, lo matan y lo queman porque sí. Yo no tenía miedo, porque si no, tampoco podría salir en mi país". A pesar del optimismo de Romero, el caso del asesinato de los diputados ha dejado un sabor amargo a impunidad entre los habitantes del vecino país, y tendrán que pasar muchos meses para que la relación vuelva a ser tan cercana como antes. Gert Rosenthal, ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, asegura que es importante mantener la buena relación entre este país y El Salvador, por los "grandes intereses" que hay detrás de cada uno, como son el turismo y el comercio. "Yo no creo que por algún incidente, por más duro y crítico –como fue el crimen de los diputados salvadoreños– puedan anularse las interdependencias tan grandes e históricas que tenemos", expresa Rosenthal. Afirma que el problema de la violencia es regional, y que se deben unificar esfuerzos y no buscar debilidades entre ambos, para recuperar la confianza perdida. Francisco Laínez, ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, dice por teléfono, desde Estados Unidos, que espera que las relaciones entre su país y Guatemala no se vean afectadas. El funcionario lamenta la forma en que se ejecutó el crimen, pero insiste en que la relación entre ambas naciones no debe cambiar. "Yo he platicado con Gert (Rosenthal, canciller guatemalteco); siempre le he expresado mi simpatía hacia los guatemaltecos, y esperamos continuar siendo socios estratégicos", afirma.

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