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El Comercio Justo hace pie en Guatemala

Agencia IPS. Desde ciudad Guatemala. | 5 de Mayo de 2007 a las 00:00
Las condiciones de vida y trabajo de miles de pequeños productores guatemaltecos mejoraron gracias a las nuevas reglas de juego y de mercado. Miles de productores pobres consiguen eludir las distorsiones del mercado internacional. "Antes teníamos mucha necesidad. La asociación ayudó a nuestro pueblo a exportar productos y en capacitación", dice Francisco Ijón, auxiliar de comercialización de la Asociación Chajulense, entidad que abrazó los criterios del comercio justo para sus 1,800 caficultores de las occidentales regiones indígenas de Quiché y Huehuetenango, donde la pobreza reina. Certificada por la Fairtrade Labelling Organizations International (FLO), la Asociación Chajulense exporta café a Europa y Estados Unidos y comenzó a diversificar su producción con la oferta de miel y cardamomo. El año pasado exportó 675 toneladas de café orgánico, es decir, cultivado sin productos agroquímicos. Según datos oficiales, 56% de los 12,7 millones de habitantes de Guatemala viven en la pobreza, y ocho de cada 10 pobres habitan áreas rurales. Y aunque el sector agrícola genera 75% de los empleos en el país, se lleva solo el 23% de los ingresos. Ante ese panorama, las reglas impuestas por el comercio justo, que son diferentes a las que rigen el intercambio internacional actual, pueden ser un vehículo para contribuir a la generación de riqueza para las comunidades rurales. La FLO otorga el sello de comercio justo Fairtrade tras fiscalizar que las organizaciones de productores cumplan con una serie de criterios, como el pago de un salario digno y condiciones de trabajo saludables, respeto al ambiente, erradicación del trabajo infantil, equidad de género y reinversión en el desarrollo de las comunidades. Uno de sus beneficios fue acercar el transporte automotor a los cafetales: el trabajo era duro hasta los años 90, cuando "los productores que no tenían bestias cargaban el café a pura espalda y debían caminar mucho. Ahora los vehículos llegan a mitad de camino", relata Ijón. Veintitrés organizaciones de Guatemala exportan con el sello Fairtrade, la mayoría pequeños productores de café y en menor medida de miel. Se asegura un precio mínimo garantizado que cubre los costos de producción, aspecto clave para la devaluada caficultura centroamericana: 1,26 dólares por libra (450 gramos) de café tradicional certificado y 1,41 dólares para las variedades orgánicas. A ese precio se añade un pago adicional- de cinco centavos de dólar por libra para el café tradicional y 10 centavos para el orgánico- destinado al desarrollo de las organizaciones, sus miembros y comunidades, relató Verónica Pérez, encargada local de Comunicación de FLO. En el sector agrícola, el salario mínimo mensual es de 178 dólares- en otras es de 183-. Los productores de la Asociación Chajulense cobran alrededor de 90 dólares por quintal (43,3 kilos) y entregan entre 10 y 25 cada mes, precisó Ijón. "El comercio justo abrió el mercado a los pequeños productores, algo que no ocurre con el convencional", subraya Baltazar Francisco Miguel, Gerente General de la Asociación Barrillense de Agricultores, integrada por 580 caficultores orgánicos de Huehuetenango y Quiché que exportan a Canadá, Europa, Japón y Estados Unidos. Según Miguel, sus afiliados pueden lograr ingresos de entre 25 y 100 por ciento más que en el mercado convencional y, además, reciben créditos de los compradores, algo muy difícil de obtener en la banca privada nacional. "Los pequeños productores quieren una compensación por su trabajo. La gente es humilde, pobre y analfabeta, pero produce algo que se llama café, y quiere ganar para vivir decentemente", recalca Gerardo Alberto de León, Gerente de la Federación de Cooperativas de Café de Guatemala (Fedecocagua), con más de 20 mil miembros en el país, 65% de ellos adheridos al comercio justo. Fedecocagua fue la primera organización que en 1973 exportó café en la dinámica del comercio justo a Holanda y Alemania, países pioneros en este tipo de comercialización, y con una cultura y conciencia de décadas. En Guatemala, Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá hay ya 90 organizaciones certificadas por FLO que exportan café, miel, ajonjolí (sésamo), azúcar, banano, cacao, fruta deshidratada, maní y marañón (anacardo), informa Kieran Durnien, encargado de enlace de FLO en América Central. Para Ron Van Meer, consultor empresarial para América Latina de Fairtrade Original, organización que abastece a Holanda de productos del mercado justo, el intercambio convencional "distorsiona las relaciones entre productores y consumidores". "No se trata de optimizar las ganancias, sino de un tipo de comercio que tome en cuenta factores como el ser humano, el ambiente, el no uso del trabajo infantil, es decir, un comercio con justicia, sostenible en el tiempo", dice Van Meer. Son cuestiones que vienen incorporadas en el sello y que los consumidores europeos- en Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Italia, Suiza, los países nórdicos, etc, esta cultura se extiende cada vez más- están dispuestos a pagar en función de su compromiso con los derechos laborales y ambientales del planeta. Ese crecimiento se ve reflejado en las cifras. Entre 2004 y 2005, las ventas de este tipo de productos aumentó 32% según estadísticas de FLO, que certificó 586 organizaciones de productores en 50 países de África, Asia y América Latina. En Guatemala, el comercio justo se desarrolló más en la agricultura, pero también funciona en la artesanía popular, donde es mayoritaria la participación femenina.

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