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Ex pandilleros o drogadictos salvadoreños borran sus tatuajes

MiPunto.com. Desde San Salvador. | 12 de Junio de 2007 a las 00:00
Arrepentidos de su "vida loca", decenas de salvadoreños, entre ex pandilleros, drogadictos o ex presidiarios acuden diariamente a una clínica del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP) de San Salvador a "deshacerse" de su pasado, borrando sus tatuajes. "Vengo a retirarme estos tatuajes para conseguir un trabajo y para que mis hijos no vayan agarrando los mismos errores que uno comete. Me arrepiento de ese pasado de vida loca y de malas amistades (influencia de pandillas)", declaró a la AFP Iván Cañas, de 32 años y padre de tres menores. Cañas es uno de los salvadoreños que luego de pasar un proceso de readaptación a la sociedad se ve atraído por los beneficios que ofrece la clínica del denominado Programa Integral de Remoción de Tatuajes, que funciona en una pequeña sala del CNSP en el complejo de edificios denominado Centro de Gobierno de San Salvador. Para Cañas, que busca eliminar de su cuerpo caras de pandilleros, telarañas y unos nombres que se estampó cuando tenía 15 años, el proceso médico "es un poco doloroso", a pesar que se efectúa con un moderno equipo láser. Entre los beneficiados del programa de remoción de tatuajes también figura Ernesto Palacios (38), un aerotécnico, quien purgó casi tres años de cárcel bajo los cargos de "tráfico y comercio de drogas". "Cuando me perforé la piel tenía 13 años, no tenía pleno conocimiento de lo que pueden causar los tatuajes. Cuando uno ya es padre de familia comienza a ver la vida diferente y quiere dar el ejemplo", comentó Palacios, quien durante la guerra civil salvadoreña (1980-1992) participó en las denominadas Patrullas de Largo Alcance que realizaban infiltraciones y emboscadas a la guerrilla. En el expediente de Palacios se consigna que el proceso para borrarse los tatuajes lo inició el 31 de agosto de 2005, cuando todavía estaba recluido en el penal La Esperanza (en la periferia norte de San Salvador) y el programa lo manejaba la Fundación Salvadoreña Antidrogas (Fundasalva). El aerotécnico confesó que en cualquier lugar público o cuando disfrutaba de la playa o centros de recreo acuáticos la gente al observar los tatuajes "cree que uno es marero (pandillero), es un delincuente o alguien que ha estado en la cárcel". "Estoy agradecido con Dios, con los doctores y con la tecnología, pero la experiencia más grande es que después de tener las manchas (tatuajes) ahora ya no los voy a tener y mi piel está quedando perfectamente", enfatizó Palacios. "Vengo a quitarme mi tatuaje para conseguir trabajo", fue el comentario que formuló Idalia Sánchez (25) ante la secretaria Karen Arévalo, la encargada de recibir los documentos en la clínica. Los tatuajes son habituales en las pandillas centroamericanas, conocidas como "maras", e identifican a sus miembros con dibujos a veces enigmáticos o cabalísticos. La doctora Mariela Pérez, al referirse a los motivos que sus pacientes aducen para retirarse los tatuajes señaló que en primer lugar es para obtener un trabajo, para superación personal y por el riesgo a perder la vida por venganza de miembros de pandillas. "Todos vienen con autoestima baja, porque en realidad son rechazados por la sociedad y la familia que en algunos casos les piden un cambio real para seguirles brindando apoyo", destacó Pérez. El ambicioso plan para eliminar tatuajes cobró notoriedad en El Salvador luego que a principios de junio Estados Unidos y la Unión Europea donaron al CNSP dos máquinas con equipo láser. "Hemos tenido una demanda de unos 320 jóvenes de los cuales el 60% procede de las pandillas y que han expresado el deseo de eliminarse el tatuaje de su cuerpo", comentó a la AFP el director del CNSP, Oscar Bonilla.

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