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Interioridades del Palacio Nacional de la Cultura en Guatemala

Ciudad Guatemala. Por Randy Saborit Mora*. PL | 12 de Febrero de 2015 a las 09:44

Por su color verde, los guatemaltecos conocen como "el Guacamolón" al actual Palacio Nacional de la Cultura, una de las joyas arquitectónicas de esta capital y donde se firmaron los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996.

En el interior de ese emblemático edificio, inaugurado el 10 de noviembre de 1943 durante el 65 cumpleaños del entonces presidente Jorge Ubico, se aprecian coloridos murales que representan varios momentos históricos de este país multicultural y multilingüe.

Uno de los guías del Palacio Nacional de la Cultura, Gustavo Sapón, teoriza sobre el mural de la Nacionalidad Guatemalteca, en el cual la sabiduría se representa con las tres habilidades mejor desarrolladas por los mayas: la escultura, la pintura y la escritura.

Según el joven, que desde hace cinco años trabaja en ese símbolo arquitectónico, al fondo de la pintura se observa una planta de maíz y otra de cacao.

La primera, detalló, representa la creación del hombre, de acuerdo al libro sagrado Popol Vuh, mientras que el cacao lo usaban los mayas como moneda.

En la pintura central aparece dibujado un hombre que forja el hierro y la primera imprenta traída a Guatemala en 1660 por Fray Payo Enríquez de Rivera.

Dentro de esa creación plástica, agregó, también está retratado Fray Bartolomé de Las Casas, quien es captado cuando enseña a leer y escribir el castellano a los mayas.

Arriba, del lado derecho, está el edificio de la universidad de San Carlos y la iglesia de la Merced, edificaciones que estuvieron situadas en Antigua Guatemala antes de ser trasladadas a esta capital, continuó su descripción.

Los mayas no tenían tanta destreza con los metales y trabajaban principalmente con el jade, piedra preciosa que llegaron a incrustar hasta en sus dientes, precisó el guía.

Estos murales salieron de la imaginación y el talento del pintor guatemalteco Alfredo Gálvez Suárez (1899-1946).

El PALACIO EN CIFRAS

Se cuenta que el número predilecto del general Jorge Ubico era el cinco. Casualmente, tanto su nombre como el primer apellido, se pueden contar con los dedos de una mano.

De ahí que sea esa la cantidad de puertas y ventanas del salón de banquetes, y también el número de los arcos que tienen por cada lateral dos patios interiores.

En 10 vitrales del salón de Banquetes, Urruela representó las 10 virtudes que debe cultivar un político: libertad, concordia, justicia, probidad, institución, fortaleza, progreso, paz, labor y orden.

Los demás vitrales fueron concebidos por otros destacados artistas como Dagoberto Vázquez, Guillermo Grajeda y Roberto González, en tanto las esculturas son de la autoría de Carlos Rigalt y Rodolfo Galeotti.

Dos toneladas y media pesa la lámpara que ilumina el salón de Recepciones. En la parte superior de la misma se observan cuatro quetzales, ave nacional de este país centroamericano, que señalan los puntos cardinales.

La vistosa lámpara se remeció durante una actividad gubernativa el 7 de noviembre de 2012 durante el potente terremoto de San Marcos, pero es solo una de las mil 116 con las que cuenta el conjunto arquitectónico.

El kilómetro cero se representa con una estrella en el centro del piso de esa lujosa sala.

Según datos históricos, el 80 por ciento de los trabajadores que construyeron el palacio de enero de 1939 al 6 de mayo de 1943, eran convictos, el resto incluye arquitectos, vitralistas, decoradores, muralistas, entre otros oficios.

Aunque los trabajos comenzaron de a lleno en 1939, el 4 de julio de 1937 fue que se colocó la primera piedra para erigir este edificio inspirado en el de los Condes de Monterrey, sito en Salamanca, España, ha dicho el Cronista de la Ciudad, Miguel Álvarez.

En esa creación arquitectónica de concreto, que fue hecha con ladrillo recubierto de piedra de color verde, se ofrecen recorridos guiados de lunes a sábados, en los cuales un especialista cuenta la historia del emblemático sitio.

Se estima que el costo de la obra dirigida por los ingenieros Rafael Pérez, Enrique Rivera y Luis Ángel Rodas, fue de dos millones 800 mil quetzales, equivalentes a igual cantidad de dólares en aquella época.

Abarca ocho mil 890 metros cuadrados y cuenta con cinco niveles, los Patios de la Paz y la Cultura, además de salones, donde se llevan a cabo actividades del Gobierno.

Hasta 1996, fue la sede del Gobierno central, pero en la actualidad allí radica el Ministerio de Cultura y Deportes, la Agencia Guatemalteca de Noticias y 350 oficinas gubernamentales.

Al tomarse en cuenta su valor cultural y arquitectónico, fue declarado Monumento Histórico y Artístico el 7 de noviembre de 1980.

MONUMENTO A LA PAZ

Dos manos izquierdas se alzan al cielo sobre una base de 16 brazos, que simbolizan al pueblo unido en el Monumento de la Paz dentro del referido palacio como homenaje a la firma de los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado ocurrido en esta nación de 1960 a 1996.

Corre la voz de que son dos zurdas porque es el lado del corazón o que tiene un trasfondo político porque la izquierda representa a los progresistas.

Sin embargo, su creador Luis León ha confesado en Guatemala -donde ser de tendencia ideológica de izquierda es casi un pecado- que optó por las dos manos izquierdas por necesidades del diseño para lograr un efecto de contraste.

La escultura la develaron el 29 de diciembre de 1997, un año después de haberse suscrito el documento histórico por guerrilleros agrupados en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, el Ejército de Guatemala y el gobierno de entonces, presidido por Álvaro Arzú.

La obra, fundida en bronce y ubicada en el Patio de la Paz de la antigua sede del Ejecutivo guatemalteco, está valorada en 125 mil quetzales (16 mil 225 dólares a la tasa de cambio actual), y fue terminada en cinco meses.

Según recoge la historia, el artista quería poner entre ambas manos una paloma, ave que simboliza la paz y la libertad.

Pero como aquella idea no se concretó, se suele colocar una rosa blanca natural, una tradición iniciada a partir de una ceremonia de los soldados de la Guardia Presidencial, quienes a las 11:00 hora local realizaban a diario el cambio de la flor.

En la actualidad, ese acto lo protagoniza un visitante ilustre o alguien sugerido por la Secretaría de la Paz, que merezca el título de Embajador(a) de la Paz por sus méritos en la vida y obra.

Réplicas de este monumento se han ubicado en diferentes partes del propio país centroamericano, una de ellas inaugurada hace seis años en Rabinal, en el norteño departamento de Baja Verapaz.

Otras han llegado a Quetzaltenango (noroeste) y San Lucas Sacatepéquez (centro), dos de los municipios más afectados durante la guerra de 36 años que dejó un saldo de 200 mil muertos y 45 mil desaparecidos, la inmensa mayoría cometidos por las fuerzas estatales y paramilitares.

En esta capital, la imitación de ese monumento la pusieron en la fuente de la rotonda de la séptima avenida, frente a la sede de la Municipalidad de Guatemala, el 29 de diciembre de 2006.

Sin duda, el Palacio Nacional es uno de los destinos ineludibles para quiénes quieran ahondar en la historia y el arte de este país, y más ahora que la ciudad de Guatemala será durante todo el año 2015 la Capital Iberoamericana de la Cultura.

(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en Guatemala


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