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Miles en fiesta de Nazareno de Atalaya escuchan al primer cardenal de Panamá

Atalaya, Panamá. EFE. | 22 de Febrero de 2015 a las 16:04

Miles de feligreses acudieron el domingo a la tradicional fiesta del Nazareno de Atalaya, en el centro de Panamá, y escucharon al primer cardenal del país, José Luis Lacunza, quien abogó por la hermandad y la solidaridad en la Eucaristía que ofició junto a otros obispos del país.

"Esto es una fiesta de hijos e hijas de Dios, de renovar nuestro compromiso de ser hermanos y hermanos", dijo Lacunza al inicio de la eucaristía, celebrada en la basílica San Miguel Arcángel del distrito de ese mismo nombre, a 250 kilómetros al oeste de la capital.

Este fue el primer compromiso multitudinario de Lacunza, quien fue creado cardenal el pasado 14 de febrero por el papa Francisco en el Vaticano y llegó a Panamá el pasado viernes.

Ataviado de púrpura, Lacunza ofició la misa eucarística junto al nuncio apostólico de su Santidad en Panamá, Andrés Carrascosa, y al arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, el presidente de la Conferencia Episcopal, entre otros prelados de la Iglesia católica.

"Si han venido a Atalaya a ver un cardenal han perdido su tiempo", dijo el prelado al destacar que lo importante de esta jornada, primer domingo de Cuaresma, es honrar al Nazareno y "renovar nuestro compromiso de vivir en fraternidad, solidaridad, cercanía y en unión".

Lacunza fue recibido con aplausos y pancartas que resaltaban su condición de cardenal en Atalaya, a unos 250 kilómetros de la capital panameña, a donde desde hace varios días comenzaron a llegar peregrinos para participar en una procesión posterior a la misa eucarística.

Entre los asistentes a la eucaristía estuvo el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, para quien el mensaje central de Lacunza fue la importancia de rescatar "la capacidad de servicios a los demás".

El primer cardenal panameño insistió a la feligresía en la necesidad de reconocer "que por ser todos hijos de un mismo padre somos hermano y hermanas".

"Y eso implica acompañarnos, ayudarnos (...) no ser indiferentes, pidámosle a Dios que nos dé un corazón como el de Él: sensible abierto a las necesidades de los demás", añadió.

Tras la misa eucarística, que se prolongó cerca de dos horas e incluyó música cristiana coreada por los asistentes, incluidos agentes de la seguridad pública, un río de feligreses inició una procesión con la figura del Nazareno de Atalaya.

Se podía ver a las personas con paraguas y abanicos a fin de mitigar el calor y el abrasador sol del mediodía en Atalaya, en donde las autoridades desplegaron a más de 200 socorristas para atender eventuales emergencias, la mayoría vinculadas a deshidratación e insolación.

Los panameños consideran al Nazareno de Atalaya milagroso, y miles de ellos acompañan cada año la procesión para pedir la curación de enfermedades y dar gracias por los favores concedidos.


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