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El drama de la desnutrición infantil en Guatemala

MiPunto.com. Desde Jocotán, Guatemala. | 8 de Septiembre de 2007 a las 00:00
La indígena chortí Raimunda Ramírez, de 56 años, no podrá votar este domingo en las elecciones generales de Guatemala porque tiene que cuidar a su nieto Wilmer Ismael Ramírez, de 3 años, en el pequeño centro de recuperación nutricional de Jocotán (190 km de la capital), aquejado de una desnutrición severa desde hace tres semanas. "Estaba hinchado", explica a la AFP esta mujer menuda sentada en el banco del pequeño centro de recuperación donde sostiene en brazos a Wilmer, uno de sus 32 nietos. Con un tamaño muy inferior al de un niño de su edad, Wilmer tiene todavía el vientre muy inflamado y una tos muy fea. "Es la parasititis. No bota los animales", dice su abuela, que se lamenta por no poder votar este domingo –pese a no sabe quiénes son los candidatos a la presidencia– porque se dejó la cédula en casa y tiene que cuidar a su nieto, que no se despega de ella ni deja que se le acerque nadie. El niño es uno de los muchos casos de desnutrición aguda entre la población rural, en su mayoría de la etnia indígena chortí, de esta región fronteriza con Honduras, donde existe uno de los dos centros de recuperación nutricional del país, explicó el médico del centro, Juan Manuel Mejía, a la AFP. Los municipios de Jocotán y el vecino Camotán son los más afectados en esta comarca, con el 80% de los casos de desnutrición infantil, que según UNICEF responde de hasta 60% de los casos de mortalidad infantil en edad preescolar en el país. Aunque la mayoría de los pequeños ingresados en este centro gubernamental tienen entre 16 meses y 3 años, muchos lactantes presentan síntomas de desnutrición. "La leche materna no cubre lo suficiente y hay otras enfermedades diarréicas y respiratorias que agudizan la desnutrición", explica el médico. La alimentación, a base de frijol y maíz, no cubre las necesidades nutritivas básicas de esta población que vive en la extrema pobreza. Santa Vázquez, que ha traído a su hija Maibeli, de 3 años, "hinchada" al centro, dice que cuando falta el maíz y el frijol sólo toman café en casa. "Cuando hallamos con qué, compramos pollo, cuando no, no", asegura esta mujer de 24 años madre de cinco hijos, el mayor de 11 y el más pequeño, Santiago, que no se despega del pecho mientras Maibeli, con los ojos llorosos, permanece a su lado sin moverse. ¿Cuánto dinero tiene en casa? "Ahora no tenemos nada", dice ruborizada sin perder su sonrisa, que muestra unas encías muy inflamadas, síntoma de una periodontitis severa. Eusebia Pérez, 56, otra abuela a cargo de su nieta de 16 meses, Anselma Liliana Ramírez, tercia en la conversación: "El maíz está tan caro que hay días que hay y otros no. Vamos a decir la verdad: hay personas que sí lo estamos pasando muy mal", subraya. La desnutrición arrecia en julio y agosto, cuando se "acaban las raciones de comida", dice el doctor Mejía, y se multiplican las entradas al centro. En 2001 se declaró estado de calamidad en esta región por los problemas de desnutrición generalizada. Guatemala cuenta con uno de los peores índices de desnutrición infantil de América. El Programa Mundial de Alimentos (PAM) distribuye un complemento alimenticio de cereales, vitacereal, en 83 municipios del país a madres que dan de mamar y a pequeños menores de tres años para aumentar el peso, facilitar el crecimiento y desarrollo y crear las bases para una vida saludable. Y es que la carencia de micronutrientes afecta a los pequeños desde que están en el vientre de la madre que padece anemia o tiene una nutrición deficiente. Las consecuencias son irreversibles para la salud física y mental de los pequeños. El 20,2% de las embarazadas en Guatemala entre 15 y 49 años padece anemia, según UNICEF.

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