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Pandilleros se adueñan de barrios de Tegucigalpa y San Pedro Sula

Tegucigalpa. Agencias. | 29 de Diciembre de 2015 a las 10:59

La mara MS-13 y la 18 se encuentran “instaladas” en 321 barrios y colonias de Tegucigalpa y San Pedro Sula, conocidos mayormente como “territorios”, que no pueden ser “visitados” por el bando contrario.

Un informe de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) e InSight Crime, llamado “Maras y Pandillas en Honduras”, indica entre otros puntos que “se estima que solo en Tegucigalpa Barrio 18 opera en 150 barrios y colonias (la mayoría del sur de la ciudad), mientras que la MS, en 70. En otros 12 barrios y colonias hay presencia de ambos grupos”.

Mientras tanto, en San Pedro Sula, la mara 18 ocupa 22 colonias, pero en once de ellas también hay presencia de la pandilla contraria, lo que según el informe, es motivo para que se produzcan matanzas por peleas de territorio entre los bandos.

“Algunos consideran que la principal motivación de los enfrentamientos entre maras es la disputa del territorio. El territorio da acceso a la actividad delictiva y económica, como la extorsión y el narcomenudeo. También asegura más reclutas y mejora el status de la mara”, establece el informe.

Entre tanto, la 13 tiene exclusividad total para operar en 58 barrios y colonias de San Pedro Sula.

Tal y como lo informamos ayer, el informe indica que la MS-13 busca hacerse de las “narcos” zonas dejadas por los supuestos “capos” que han sido extraditados, aunque muchos grupos se dedican aún a la extorsión.

“En la MS-13 manejan el negocio de la extorsión como un banco: Si una unidad o grupo de transporte no paga la extorsión, la mara cobra intereses y por último toma la propiedad o el vehículo como pago. Esta política les ha permitido convertirse en dueños parciales o totales de varias cooperativas de buses y taxis en todo el país”.

Ahonda en que “esta acumulación de recursos y bienes ha llevado a la MS-13 a ser un grupo cada vez más empresarial. Se rumora además que hasta han invertido recursos en la educación de sus miembros en carreras universitarias como finanzas y leyes”.

Mientras que la 18 se dedica aún al cobro de la extorsión, más conocido como el impuesto de guerra.

“Se identifica, en la mara 18, una amplia estructura que incluye a conductores de taxi, mecánicos que les reparan sus vehículos y facilitan inteligencia (información) y abogados que los defienden en juicio. También están las novias “jainas”, que trafican drogas y manejan finanzas”.

Entre otro de los hallazgos del informe sobresalen que “en el Barrio 18 hay familias con 3 generaciones de mareros cuyos ingresos y recursos económicos provienen de la actividad que genera la pandilla”.

Los límites que dividen el territorio de las maras y pandillas en estas áreas urbanas tienden a ser dinámicos.     Estas     fronteras tienden a cambiar,     sufriendo pequeños    incrementos    de vez en cuando, colonia    por colonia. De hecho, las fronteras     invisibles que dividen estos territorios tienden    a cambiar de forma regular entre colonias pero no dentro de las mismas: tal como se mencionó anteriormente, según la inteligencia de la policía hay pocas colonias en Tegucigalpa que tengan presencia tanto de la MS-13    como    de la 18 de forma simultánea”.


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