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Asesinan a otro transportista en Honduras

Choloma, Honduras. Agencias. | 12 de Abril de 2016 a las 11:50

“La víctima pudo haber sido cualquier otro conductor, pero le tocó a él, Dios sabe por qué”, dijo resignada Sendy Melissa de Vaquedano al referirse a la muerte violenta de su compañero de hogar, William Danny Vaquedano.

Nadie merece una muerte así, pero William mucho menos porque era un hombre entregado a Dios, a su familia y su trabajo, expresó la mujer enjugándose las lágrimas frente al bus en el que fue abatido a tiros su compañero.

El hombre de 34 años, su esposa y sus tres pequeños hijos asistían a la iglesia Ebenezer de San Pedro Sula, adonde la pareja servía eventualmente en el área de sala-cuna. Su labor consistía en turnarse con otros fieles para velar por los hijos de los hermanos cristianos mientras estos asistían al culto.

De Choloma, William transportaba en el bus de la empresa Tikamaya a otros creyentes hasta el templo cristiano.

La Policía no tiene pistas de los autores del crimen perpetrado en el centro de Choloma. El ayudante del bus logró escapar de las balas.

Uno de sus anhelos era llegar a ser Servidor de Templo, vestido de saco y corbata, para ofrecer asisento a los asistentes, realizar labores de vigilancia o ayudar a recoger las ofrendas.

Estaba tan identificado con las cosas de la iglesia que se rapó la cabeza en solidaridad con la esposa del pastor German Ponce cuando ella recibía tratamiento de quimioterapia por un cáncer que finalmente logró vencer.

Sus hijos eran su adoración. Le gustaba quedarse a dormir en la casa cuando tenía día libre, pero si los cipotes se le tiraban encima, en vez de rechazarlos se ponía a jugar con ellos, comentó Sindy Melissa.

Ese amor paternal se vio seriamente afectado cuando, un mes antes de su muerte, en el hospital del Seguro Social a su hijo de cuatro años, le diagnosticaron síndrome nefrótico que puede conllevar a una insuficiencia renal.

 “Se fue el sustento del hogar”, lamentó la viuda.

El pequeño fue internado porque presentaba hinchazón en varias partes del cuerpo especialmente en sus párpados. Los padres salieron afligidos del centro asistencial con un puñado de pastillas y la recomendación de darle una dieta especial de alimentos al enfermo.

“Cuidado le quitás el tratamiento al niño”, advirtió William a su mujer, como si presintiera que dentro de poco no estaría para cuidarlo.

A su compañera la conoció siendo él ayudante de bus y ella estaba por graduarse de bachiller en un colegio de Choloma. Como muestra de que le gustaba le devolvió el pasaje la primera vez que ella abordó su bus. El romance terminó en casamiento. No fue una boda de blanco, dice ella para evidenciar que se unieron por lo civil en una ceremonia sencilla. Tenían planes de casarse por la iglesia y comenzar a construir su casa, pero la muerte se interpuso en su ruta.


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