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Pobreza y desempleo reinan en Honduras

Tegucigalpa. Por Jorge Flores Silva/Agencias. | 13 de Junio de 2016 a las 12:39

Honduras experimenta una serie de problemas, derivados de la grave crisis estructural, a la cual tenemos que hacerle frente con voluntad nacional y decisión política. Entre los más visibles está la pobreza y el desempleo que tienen una relación entre sí: el desempleo impide el acceso al ingreso y desemboca en pobreza. La pobreza no permite acceder a la alimentación, a los bienes sociales, culturales, y todo aquello que favorece las condiciones materiales de existencia y la expansión humana. Si en el país no se dan las condiciones favorables para la inversión productiva, difícilmente se podrá alcanzar un empleo estable.

Lograr insertarse en las relaciones de trabajo con salarios por debajo del costo de vida bajará la productividad laboral, en virtud de que nadie puede ser productivo con hambre o subalimentado, peor aun si tiene una escolaridad baja o carece de ella. Esto impide que las empresas generen procesos productivos complejos y se conforman con procesos simples que no requieren mayor educación. Si las empresas no se desarrollan por la razón expuesta, no tendrán capacidad técnica y financiera para remunerar el trabajo con salarios más justos.

Pero si los salarios sobrepasan el punto máximo óptimo de la curva de productividad de la oferta y demanda del mercado laboral, los costos se incrementan para las empresas. Perderían competitividad, bajarían operaciones o terminarían cerrando. Ante esta realidad del país donde predomina la pequeña y microempresa, las cuales también son las mayores generadoras de empleo, urge tomar medidas de apoyo complementario a través de una estrategia de desarrollo de largo plazo que favorezca tanto al mediano, pequeño y microproductor, como a los trabajadores sujetos principales para la creación de riqueza.

La crisis ecológica, la concentración por acumulación de riqueza, la pobreza, el desempleo, la ausencia de programas sociales básicos para el acceso a la educación formal y no formal, el incremento de los problemas de salud, la grave crisis de seguridad, etc, los cuales no son independientes entre sí, afectan a la mayoría de los hondureños y a la economía en su conjunto. Estos problemas son en parte resultado de los programas y políticas económicas que han adoptado la mayoría de los gobiernos, sin quitar responsabilidad a las empresas, muchas de las cuales por el afán de acumulación, les interesa más la utilidad y la máxima ganancia en oposición al bienestar de la población.

Estos problemas de carácter estructural no son de interés para el FMI, que pone condiciones a los países, especialmente a los endeudados como Honduras, cuya deuda total oscila en alrededor de diez mil millones de dólares. Deuda que se ha vuelto insostenible, pues sobrepasa el 45% del PIB y sustrae recursos que deberían orientarse hacia los programas sociales.

Lo grave es que la pobreza no baja, a pesar de que en la última década se han invertido -más bien gastado- alrededor de 200 mil millones de lempiras para reducirla, casi un promedio de veinte mil millones de lempiras por año y la pobreza sigue entre 65 y 70% para el mismo período, de ahí surge la pregunta ¿cómo se han utilizado los recursos que no han dado los resultados de terminar o disminuir la pobreza? El problema es doblemente grave cuando la economía ha estado creciendo en apenas un 2 y 3.5% en promedio en los últimos años, con ese indicador es difícil salir de la pobreza en un país con tantas carencias sociales. El reto entonces es reorientar la economía y la política económica para enfrentar los problemas estructurales de la nación.


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