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Guatemaltecos visten de colores el cielo y tumbas en honor a sus muertos

Agencia ACAN–EFE. Desde ciudad Guatemala. | 1 de Noviembre de 2007 a las 00:00
Pese a las condiciones de pobreza en que vive la mayoría, los guatemaltecos han sacado sus pocos recursos para vestir hoy de colores el cielo y las tumbas en honor a sus muertos en la tradicional celebración del Día de los Santos y los Difuntos. Las comunidades kaqchikeles de Santiago y Sumpango, en el departamento occidental de Sacatepéquez, se engalanan en esta época por el vuelo de los barriletes gigantes que dan un colorido multicolor al espacio. Según leyendas nativas, los habitantes de esos lugares, aconsejados por líderes espirituales, comenzaron hace más de 100 años a fabricar barriletes para alejar a los malos espíritus que provocaban tragedias y malas cosechas en la región. La tradición de fabricar estos cometas, algunos de los cuales llegan a medir más de 16 metros de diámetro, ha sido transmitida por generaciones enteras de esa población, dedicados en su mayoría a la agricultura. Los pobladores se convierten en verdaderos artesanos y dejan ver su creatividad al fabricar cometas con figuras tan reales como de hombres y mujeres indígenas con sus trajes típicos de la región, o con cestos llenos de productos agrícolas como el maíz, la principal dieta de su alimentación. Debido a la extensión de los barriletes, el vuelo se realiza en un campo de fútbol o el cementerio de la localidad, hasta donde llegan en estos días más de 200.000 turistas nacionales y extranjeros. Según los lugareños, los cometas les trasmiten a las almas de sus seres queridos amor, fe, paz, respeto y unidad. El antropólogo e historiador guatemalteco Celso Lara explica que el vuelo de los barriletes gigantes en poblaciones del occidente tiene un gran significado místico porque en el lenguaje religioso representa el cordón de plata que une a los vivos y los muertos y sirven como receptores del alma. Según Lara, la celebración del Día de los Santos se remonta al año 311 cuando el emperador romano, Constantino, declara el Panteón como "el templo de todos los dioses". Los cementerios de Guatemala también lucen impecables. Cientos de miles de familias acuden a adornar con flores y coronas las tumbas de sus seres queridos que han partido al más allá en una tradición que tiene profunda veneración en este país pero también en todo el mundo cristiano. Los guatemaltecos convierten los camposantos en centros de dolor y llantos, pero a veces en sitios de alegría, ya que al calor de las bebidas alcohólicas y con música, rinden culto a sus antepasados, según el historiador. Y en esta fecha, en los hogares guatemaltecos el fiambre, que se sirve sólo una vez al año, se convierte en el platillo emblemático de la fiesta de los difuntos. Este platillo está elaborado de una mezcla de verduras y caldos prehispánicos como embutidos, carnes, quesos y pescado, y de acuerdo con Lara, esta tradición data de entre los años 1623 y 1636. "Es una mezcla de la vida representada por las verduras, y la muerte representada en las carnes frías", lo que representa una ofrenda y sacrificio a los muertos. Las condiciones de pobreza en que vive la mayoría de los más de 13 millones de guatemaltecos no es ningún pretexto para no acudir a los cementerios para limpiar, pintar y adornar las tumbas de sus muertos. En casi todos los hogares no hace falta las conservas de productos como las calabazas, el ayote, jocotes, las manzanillas, el camote o la yuca en dulce. Los guatemaltecos celebrarán este año tan centenaria tradición en medio del cierre de la campaña política de dos candidatos que buscan gobernar este país centroamericano en el periodo 2008-2012. El socialdemócrata Álvaro Colom de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y el general retirado Otto Pérez Molina, del derechista Partido Patriota (PP), se disputan el domingo la Presidencia de Guatemala.

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