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Recuerdan al héroe José Martí en El Salvador

San Salvador. Agencia PL. | 28 de Enero de 2017 a las 14:08

La vigencia del pensamiento martiano, latinoamericanista, antimperialista, emancipador y revolucionario fueron algunas de las características del héroe nacional cubano evocadas en la plaza que lleva su nombre en San Salvador.

En una sencilla ceremonia, pero cargada de profundo reconocimiento al más universal de todos los cubanos, miembros del movimiento de solidaridad con Cuba, diplomáticos, diputados del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, recordaron el 164 aniversario del natalicio del apóstol.

Colocaron flores a los pies de su busto, le cantaron canciones, y también recorrieron algunos destacados capítulos de su vida como poeta, ensayista, fundador del Partido Revolucionario Cubano, como hombre de todos los tiempos que inspiró al Comndante en Jefe Fidel Castro a completar la hazaña del pueblo cubano por alcanzar su independencia.

José Martí no tiene una historia en El Salvador, como la tuvo en Guatemala, México, Uruguay, Venezuela, pero su obra y pensamiento también dejaron huellas para siempre en esta nación a través de su amistad con 'el ilustre migueleño Juan José Cañas, quien escribió la letra del himno nacional de El Salvador'.

El exembajador cubano en El Salvador, Pedro Prada, durante un homenaje de la Asamblea legislativa al apóstol el 24 de junio de 2013, recogió de manera resumida la impronta de Martí en este país.

En su alocución recordó que la intelectualidad salvadoreña del siglo XIX al reconocer su genialidad poética, lo nombró en septiembre de 1888 miembro correspondiente en Nueva York de la Academia de Ciencias y Bellas Letras de San Salvador, subrayó.

Un año después, el periodista y pedagogo sonsonateco, Carlos Arturo Imendia, en su función también de agente de ventas en el país se convirtió en su más ardoroso defensor, por los valores humanistas que La Edad de oro, su reconocida revista infantil, sembraba en los niños de Nuestra América.

En 1890, Martí conoció en México al derrocado presidente Carlos Ezeta con quien entabló una sincera amistad en tertulias donde las angustiadas patrias lejanas de ambos eran el tema común, refirió Prada.

En la investigación presentada ante los diputados, el diplomático y periodista recordó que, en Nueva York, en 1892, el cubano le tendió decisivamente la mano, cuando lo defiende y salva de la persecución de la justicia estadounidense y de sus opositores políticos.

Prada, quien fue el primer embajador de Cuba en El Salvador tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 2009, recordó que años después, Ezeta reciprocó el gesto al querer apoyar a Martí con armas y municiones para la independencia de Cuba, aunque moriría pobre y enfermo antes de consumarlo.

En Nueva York el revolucionario cubano y Román Mayorga Rivas, periodista y poeta nicaragüense, considerado el fundador del periodismo moderno en El Salvador, entablan una honda amistad durante su estancia como diplomático en la cosmopolita ciudad y ambos publicaron algunos de sus artículos en La revista Ilustrada de Nueva York, dijo.

En enero de 1894, la revista pedagógica mensual La Nueva Enseñanza, bajo la dirección de Don Francisco Gamboa, publicó un artículo de Martí sobre la educación nombrado Revolución en la enseñanza y que se trataba de una reescritura actualizada de su ensayo redactado 10 años antes llamado Maestros ambulantes.

Prada también alude al apellido de Farabundo Martí al recordar qie la partida bautismal del destacado líder comunista salvadoreño, Agustín Farabundo, expedida mucho después de su nacimiento en 1893, debió recoger otro apellido: Mártir.

Pero, de acuerdo con su biógrafo Jorge Arias, el padre, Don Pedro, y la madre, Doña Socorro, ambos admiradores del gran patriota cubano, decidieron modificar el apellido y asumir orgullosamente el de Martí, añadió.

Pero Martí trascendió su época en esta nación, y en 1953 la Asamblea Legislativa publica el libro Homenaje a José Martí y adicionalmente se realizó una emisión de seis sellos de correo con diferentes colores y denominaciones.

El sello rojo acompañó al poeta y Premio Nacional de Literatura Alfonso Kijadurías en sus exilios y luchas y en 2009, cuando Cuba regresó a El Salvador, se lo cedió, enmarcado, como prueba de su lealtad infinita.

'Quizás la síntesis más acabada de estas concomitancias históricas la produce el insigne poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, cuando parafrasea un verso martiano para hacer la más grande declaración de amor y lealtad de nuestra mutua historia: 'Dos patrias tengo yo: Cuba y la mía', expresó.

Recordó que otro gigante moral salvadoreño, Schafik Hándal, también lo invocó como pilar en la hora de la paz definitiva, en Chapultepec, el 16 de enero de 1992.


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