Escúchenos en línea

Asesinatos atemorizan a sociedad panameña

Ciudad Panamá. Por Osvaldo Rodríguez Martínez/PL | 23 de Mayo de 2017 a las 09:08

La modalidad importada de asesinatos por encargo atemoriza este martes a la sociedad panameña, que en los últimos días vivió escenas de ajustes de cuentas en lugares públicos exclusivos a plena luz del día.

Medios de prensa, comentarios callejeros y el temor de los padres, marcan actualmente el termómetro de la inseguridad citadina, donde el crimen salió de las populosas barriadas periféricas, para la selectiva busca de víctimas en elegantes zonas capitalinas, con daños colaterales sobre inocentes.

Tiroteos desde motos en marcha, o el asesinato a sangre fría con disparos a quemarropa, al estilo del tristemente célebre Cártel de Medellín, en Colombia, vivieron la semana anterior residentes y turistas en Panamá, como muestra de que las escenas de novelas y películas son tomadas de la realidad.

Estos hechos refuerzan las corrientes de xenofobia, pues cuando es un extranjero quien comete crímenes, lo señalan para generalizar que la intranquilidad actual es responsabilidad de foráneos.

Sin embargo, cifras oficiales señalan que el 90,8 por ciento de la población penal es local, lo cual se explica en el abandono a los jóvenes de los sectores más humildes, quienes se convierten en fácil presa del reclutamiento de pandilleros y el crimen transnacional.

Para tratar de paliar esa situación, varios gobiernos aplicaron, sin mucho éxito, programas sociales dirigidos a segmentos vulnerables al ambiente delictivo y la presente administración tiene Barrios Seguros.

Inicialmente la estrategia logró bajar los homicidios por habitantes, pero la violencia y temeridad de los mismos incrementó la inseguridad de la población, con crisis en algunas ciudades como Colón, en la costa atlántica, donde ocurrieron 32 asesinatos en lo que va de año, a pesar del despliegue policíaco.

Otro tanto pasó en David, capital de la fronteriza provincia de Chiriquí, en el occidente, donde una ola de crímenes, asaltos y feminicidios, convirtieron en zona roja la franja cercana a la frontera con Costa Rica.

Rivalidad por el control del tráfico de drogas y armas, y el enfrentamiento entre pandillas irreconciliables, no pocas veces con la complicidad de autoridades, acaparan la mayor cantidad de hechos, lo que obligó a la creación de una fuerza élite subordinada al Presidente de la República para enfrentar el flagelo.

Sobre el llamado 'sicariato', Severino Mejía, criminalista de la Universidad de Panamá (UP), dijo en entrevista con el canal Telemetro, que 'es una actividad delictiva exógena, es decir, vino del extranjero, y llegó a Panamá para quedarse'.

Entre los hechos más temerarios de este tipo que recuerdan los panameños, está el reciente asesinato de una joven en la cafetería de un exclusivo hospital privado, lleno de comensales almorzando; la escena se repitió antes cerca del lugar cuando dispararon sobre el chofer de un auto, y la precedió una cadena de situaciones similares.

'Tal parece que no estamos seguros en ningún lugar', dijo ante las cámaras el analista José Blandón, quien se sumó a quienes consideran que no existe una estrategia de seguridad, y en cambio, los uniformados corren de un lugar a otro donde se producen los crímenes.

Una opinión especializada la ofreció el psiquiatra forense Ricardo Pérez, quien definió al sicario como un individuo que premedita las cosas, y una vez conocida la víctima, escoge el momento, lugar, forma, arma, 'y sobretodo, escoge la forma de esquivar la responsabilidad penal', expresó a Telemetro.

Tirso Castillo, del Instituto de Criminología de la UP, completó el perfil del asesino a sueldo: 'su característica es ser temerario, despiadado, tiene que ser frío y calculador en su acción'.

Los especialistas coinciden en que esos criminales saben que, ante las detonaciones, las personas tienden a bajar la cabeza y comenzar a salir del lugar, lo que aprovechan para confundirse con los demás y por eso son difíciles de identificar por los testigos.

Castillo recordó que desde la década del 90 la modalidad llegó a Panamá a través de sicarios colombianos, pero ya desde el 2000 no son extranjeros quienes realizan tales crímenes, que para esos asesinos es un negocio, sin importarles las víctimas y sus familiares.

La certeza del castigo es una quimera muchas veces, aseguró Mejía al explicar que muchas veces la justicia no llega hasta ellos, mientras Pérez dejó un mensaje aún más pesimista: 'si seguimos así, pasarán a los envenenamientos, a los accidentes raros y a las bombas para producir terror'.

Múltiples criterios desde ópticas ideológicas diversas, insisten en que estos y otros comportamientos igualmente criminales son señales de agotamiento del sistema político-social panameño, pero de elecciones en elecciones la 'democracia' dice tener la solución. ¿Reaccionará la sociedad?


Descarga la aplicación

en google play en google play