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UNCAF «alarmada» por el incremento de la violencia en los estadios de fútbol

Agencia EFE. Desde Ciudad Panamá | 4 de Diciembre de 2007 a las 00:00
Los homicidios, secuestros, disparos y grescas protagonizadas por 'barras bravas' golpean al fútbol centroamericano en los últimos meses mientras aumentan las sanciones de la FIFA y la CONCACAF. Desde Panamá hasta Guatemala, pasando por Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Honduras, se registran actos violentos, en especial protagonizados por delincuentes comunes que han encontrado un 'negocio' importante en el secuestro de familiares de futbolistas, o fanáticos 'ultras' que espantan a los aficionados de los estadios. Para cualquier caso, las luces de alarma de la Unión Centroamericana de Fútbol (UNCAF) han sido encendidas. El caso de violencia más reciente en el fútbol guatemalteco fue el asesinato, el pasado 27 de septiembre, de Edgar Cifuentes, secretario general de la Junta Directiva del equipo Xelajú MC, actual campeón de la Liga local. Cifuentes fue atacado a tiros por desconocidos en el estacionamiento de vehículos de las afueras del Estadio Mario Camposeco, de la ciudad occidental de Quetzaltenango, cuando el equipo se entrenaba en el interior. Los secuestros han manchado al fútbol de Honduras, como el caso del joven Edwin René Palacios, de 16 años, hermano de Milton Palacios (Marathón) y Wilson Palacios (Birmingham de Inglaterra), secuestrado el pasado 30 de octubre, cuya familia ha pagado un rescate y espera que sea liberado. El 17 de diciembre de 2002 fue secuestrado otro futbolista hondureño, Henry Suazo, hermano de David, quien entonces jugaba en Cagliari italiano y ahora en el Inter, del mismo país. Henry Suazo, quien jugaba con el Marathón, de San Pedro Sula, norte de Honduras, permaneció secuestrado durante dos semanas. El pasado 13 de agosto fue herido de bala el jugador Pablo Villatoro, de 23 años, del equipo Municipal, que ganó la etapa de clasificación del Torneo de Apertura 2007 y está en las semifinales del campeonato. Un enfrentamiento entre las hinchas del Olimpia de Honduras y los Caciques del Diriangen de Nicaragua, el 24 de agosto de 2006, en pleno torneo interclubes de la UNCAF, dejó dos heridos de bala, decenas de golpeados y 132 detenidos, entre ellos a los pistoleros, que legaron a apoyar a los hondureños. La misma entidad decidió el miércoles pasado el cierre durante seis meses del estadio Alejandro Morera Soto, del club Liga Deportiva Alajuelense de Costa Rica, luego de que aficionados protagonizaran graves desórdenes en el partido ante el Municipal de Guatemala. Cuando los costarricenses iban perdiendo por 1-2 ante los guatemaltecos, una turba de la "barra brava" del Alajuelense, conocida como "La 12", invadió el terreno de juego y se enfrentó con la policía, en un hecho que al final dejó quince heridos. Además de la suspensión del estadio y una multa de 10.000 dólares impuesta al club, el entrenador del Alajuelense, el colombiano Carlos Restrepo, dimitió con el argumento de que el equipo sólo jugaba fútbol "a ratos" y estaba "divorciado" de su afición. El fenómeno de las "barras bravas" llegó a Costa Rica en 1995, cuando se instaló la "Ultra Morada" que apoya al Deportivo Saprissa, uno de los equipos con más seguidores en el país, junto con la Liga Deportiva Alajuelense. La Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol (FIFA) y la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CONCACAF) han suspendido en dos ocasiones, en los últimos años, al Estadio Ricardo Saprissa de San José, por casos de violencia. La primera sanción se produjo en marzo de 2005 cuando la FIFA impuso a Costa Rica una multa de 20.000 francos suizos y le ordenó jugar a puerta cerrada el partido eliminatorio del Mundial de 2006 ante Panamá, luego de que aficionados lanzaran objetos al campo en un partido que los 'ticos' perdieron 1-2 ante México. El segundo castigo se registró en mayo de 2006, cuando la CONCACAF impuso una multa de 10.000 dólares e impidió realizar partidos internacionales en el estadio de San José por cuatro meses a causa de los incidentes ocurridos el 29 de marzo de ese año en un partido entre el Saprissa y el Toluca de México. La sanción no sólo incluyó al Saprissa sino a la Federación Costarricense, que no podrá programar partidos internacionales de cualquier categoría en el estadio capitalino. Algunos aficionados costarricenses que asistieron al encuentro de vuelta de la semifinal de la Copa de Clubes Campeones de la CONCACAF entre Saprissa y Toluca lanzaron objetos e invadieron la cancha del estadio del club costarricense, indignados por la eliminación. Otro caso de violencia se registró el 21 de noviembre en el Estadio Nacional de Béisbol "Rod Carew" de la capital panameña, habilitado temporalmente como terreno de fútbol, donde las selecciones mayores de Costa Rica y Panamá protagonizaron hechos bochornosos que incluyeron al técnico costarricense, Hernán Medford. La expulsión del mundialista costarricense Ronald "La Bala" Gómez, por pisar a un jugador panameño que estaba caído, y otros altercados entre jugadores llevaron a la prensa de ambos países a coincidir en que el partido de fútbol disputado en una cancha de béisbol pareció una pelea de boxeo. La selección nacional de Panamá es seguida por la "Marea Roja", mientras que los clubes locales cuentan con barras bravas acusadas de perpetrar ataques a tiros y saqueos a la salida de los estadios. El pasado domingo, después de que el San Francisco de La Chorrera ganó el torneo de clausura de la Asociación Nacional Pro Fútbol (ANAPROF) de Panamá por 4-2 al Árabe Unido de Colón, las barras del club colonense invadieron la cancha y algunos palcos e hicieron destrozos en ventanas, puertas y sanitarios Estadio Rod Carew. Al menos un aficionado fue ingresado en un hospital de Ciudad de Panamá por golpes en el cuerpo, mientras los daños causados a las instalaciones del estadio fueron calculados en diez mil dólares que pagará la ANAPROF. Aún se recuerda la mal llamada "Guerra del Fútbol" entre Honduras y El Salvador, cuando en las eliminatorias para el Mundial México 70 entre los dos países, se le llamó así al conflicto armado de 100 horas entre los dos países que en esos días estalló y dejó unos 5.000 muertos, por problemas limítrofes y migratorios zanjados finalmente por la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

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