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Las pandillas se transforman en grupos del crimen organizado

Diario de Hoy. Desde San José. | 15 de Diciembre de 2007 a las 00:00
Para ninguno de los gobiernos centroamericanos es secreto que las pandillas pasaron de ser un fenómeno social y se convirtieron en una amenaza para la seguridad regional. Se les considera estructuras al servicio del crimen organizado, que manejan armas y explosivos sofisticados y de gran alcance. El creciente paso de droga desde países del sur hasta Estados Unidos ha hecho a las pandillas a especializarse en su accionar y, por ende, a tratar de controlar el trasiego de la droga y así lucrarse y obtener más poder. También ha contribuido el ingreso ilegal de armas de todo tipo con el que delincuentes matan y roban. Las pandillas de hace cinco años no son las mismas que grupos pro rehabilitación trataron de reinsertar a la sociedad por medio de talleres de pintura y artesanías. La delincuencia juvenil ha crecido tanto en Centroamérica que se estima convergen 100 mil pandilleros, según cálculos del director del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP) de El Salvador, Oscar Bonilla. El representante del condado de Montgomery en el Estado de Maryland, Estados Unidos, Joe Heiney González, aseguró que sólo en esa área, la Policía contabilizó aproximadamente 731 mil pandilleros en 2002 y que, obviamente, la cifra es mayor. La música, la ropa y los tatuajes que antes atraía a los jóvenes ha cambiado hoy por fuertes sumas de dinero que pueden conseguir sólo al asesinar a una persona o ayudar en un secuestro. Representantes de los países centroamericanos, Belice y el condado de Montgomery finalizaron el II Foro "Centroamérica Segura" coincidieron en estos aspectos, pero también tienen en común, muchas alternativas con las que se puede combatir esta creciente violencia juvenil. Ante el efecto mutante que han experimentado las maras, los representantes de los países participantes también coinciden en que el método bajo el cual hay que contrarrestar los factores de riesgo de un niño o un joven también tienen que cambiar. El director de un grupo de readaptación de pandilleros de Guatemala, Marco Castillo, aseguró en su ponencia, que tuvo que dejar de lado las enseñanzas de fabricación de artesanías y optar por las computadoras para acaparar la atención de los jóvenes, muchos de ellos, presos en las cárceles de su país. Otros, como la directora del grupo llamado Fundación Nicaragua Nuestra, Claudia Paniagua, han tenido que apoyarse de una Policía comunitaria que conozca a cada uno de los habitantes del barrio para generar confianza. También están luchando para que los grupos de pandillas que se formaron hace diez años no vuelva a resurgir con otros jóvenes. En Honduras, el subsecretario de Seguridad, Jorge Alberto Rodas, afirmó que cada vez más le están apostando por la prevención desde las escuelas y comunidades, pero también al patrullaje constante en zonas desoladas en las que los narcotraficantes utilizan para descargar la droga. Rodas aseguró que han incrementado el número de agentes policiales, aunque reconoce que no es con "mano dura" que se puede eliminar el problema. En Montgomery, donde el 29 por ciento de la población es centroamericana y en su mayoría, ilegal, el objetivo ha sido la constante intervención en comunidades. No obstante, Heiney sostiene que ha sido la misma diversidad de nacionalidades y la inestabilidad legal de los jóvenes involucrados en pandillas lo que ha imposibilitado un programa de prevención que arroje resultados efectivos y a corto plazo. Tras un estudio realizado en 2002, dicho condado identificó que el 49 por ciento de los jóvenes que pertenecen a pandillas son latinos. La aplicación de la ley RICO (con la que se procesa a las grandes mafias), es para Heiney, una señal de que estos grupos juveniles son también hoy, grupos de crimen organizado. En El Salvador el director del CNSP, Oscar Bonilla, tiene como mano derecha a la asociación Pro Jóvenes, cuya misión es identificar las comunidades donde hay más factores de riesgo (pobreza, marginalidad y grupos de pandillas) para alejar a los niños y jóvenes de los ofrecimientos que los delincuentes puedan hacerles creando espacios de esparcimiento y otro tipo de hábitos de aprendizaje.

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