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Navidad hondureña entre sacrificio económico y pólemica por uso de pólvora

Agencia EFE. Desde Tegucigalpa. | 24 de Diciembre de 2007 a las 00:00
La Navidad envuelve a los hondureños con sus placeres gastronómicos, el consumismo, la tradición religiosa y una polémica prohibición de vender petardos para celebrar la ocasión. Año tras año la temporada navideña encuentra a los hondureños sumidos en una crisis económica que parece no tener fin, aunque el actual gobierno proclama para 2007 un crecimiento superior al seis por ciento. Pero la crisis no quita a muchos hondureños el deseo de saborear el tamal o nacatamal, el cerdo horneado, diversos dulces y bebidas para celebrar, al calor hogareño, el nacimiento de Jesucristo. El placer gastronómico bien vale un sacrificio, de manera que mercados populares y supermercados están abarrotados estos días por miles de compradores que buscan los ingredientes para la cena tradicional, además de los regalos para amigos y parientes. Dentro de algunas horas, pues, de miles de cocinas hondureñas saldrá el olor del nacatamal -masa de maíz rellena de carne de cerdo, pollo o gallina-; del cerdo, pollo o pavo horneados; de las torrejas -dulce de pinol (maíz tostado y molido) o pan, huevos y canela-, o de las rosquillas en miel. Una cena navideña estará incompleta sin el rompopo, una mezcla de aguardiente, leche y huevo, dos productos que muchos, con el buen humor del bebedor, consideran un estorbo... Los modernos centros comerciales -con sus compras frenéticas, gigantescos árboles navideños y Santa Claus que pululan por los pasillos- son la nueva cara feliz de la temporada y un refugio ante la inseguridad. Pero a otros la pobreza que agobia a la mayoría de los siete millones de hondureños sí les impedirá disfrutar las fiestas, por sus escasos ingresos y los altos precios de los productos básicos, que llevaron la inflación oficial al 8,7 por ciento hasta noviembre. Las altas tarifas del transporte tampoco han detenido a millares de hondureños para ir a sus lugares de origen a celebrar la Navidad. La tradición religiosa no muere en Honduras a pesar del alto consumismo navideño, y así, parroquias, instituciones públicas, comercios y familias se esmeran por revivir, de la manera más artística posible, el nacimiento de Jesucristo. Uno de los nacimientos más grandes y populares lo instala Fernando Martínez, un reconocido arquitecto y ex canciller, que cada año combina la imaginería cristiana con humorísticas escenas alusivas a los acontecimientos de la vida política del país. Este año, uno de esos hechos es el vuelo en un avión de combate F-5F de la Fuerza Aérea que el presidente hondureño, Manuel Zelaya, hizo en mayo pasado. En un esfuerzo por prevenir la quemadura de niños a causa de los petardos tradicionales para festejar la Navidad y el año nuevo, las autoridades han prohibido la venta de esos artefactos en Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras localidades. Pero el jefe del Cuerpo de Bomberos de Tegucigalpa, Carlos Cordero, advirtió hoy de que la prohibición ha propiciado la venta clandestina de petardos, lo cual es "muy preocupante" porque "el daño puede ser mayor" al no haber control sobre esos productos. La prohibición no es nacional porque esa medida corresponde a las municipalidades, por lo que muchos se trasladan a otras localidades para comprar los petardos. Parte de la polémica en este asunto la puso el ministro de Cultura, Artes y Deportes, Rodolfo Pastor, quien defendió la quema de pólvora como parte de las tradiciones y el derecho de muchos artesanos a fabricar petardos para ganarse la vida. El funcionario no desconoció, sin embargo, el peligro que esos artefactos representan para los niños. Sólo en el complejo Hospital Escuela-Materno Infantil de Tegucigalpa, desde septiembre pasado se ha registrado casi una decena de menores quemados por pólvora, según fuentes médicas. Y por duros que estén los tiempos, muchos hondureños hacen cualquier sacrificio económico para darse sus gustos navideños, aunque a comienzos del año nuevo se lleven un susto cuando tengan que enfrentar, entre otros compromisos, los gastos escolares de sus hijos.

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