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La otra cara de El Salvador: mil familias bajo cartones

El País.com. Desde San Salvador. | 25 de Diciembre de 2007 a las 00:00
Chabolas insalubres se levantan sobre un antiguo vertedero cerca de la capital salvadoreña, en una concentración de miseria con pocos precedentes. “Nosotros no tuvimos fiestas navideñas ni vamos a tener Año Nuevo, más que rezar para que Dios se apiade de todo este gentío pobre. Ahora somos más de mil familias que nos hemos trasladado a estos predios baldíos (desocupados), porque no tenemos otros lugares adonde ir y aquí tenemos esperanza...”, dice Marta (no quiere revelar su apellido), de 36 años de edad, quien, con sus tres hijos pequeños, ha construido una casa de cartón en un terreno agreste y polvoriento ubicado a la orilla de una de las más importantes carreteras de acceso a la capital salvadoreña, San Salvador. El 1 de diciembre de este año, apenas unas cuantas decenas de familias procedentes de varios lugares de El Salvador se instalaron este terreno, que estuvo abandonado durante décadas y que en el pasado fue un vertedero. En la actualidad se cree que es propiedad de una empresa canadiense. “Son más de 40 manzanas de terreno y a diario viene gente de todos los lugares: gente que vive debajo de los puentes o en las quebradas; los que se han quedado sin casas producto de los terremotos o diluvios; hay un grupo que fue estafado y lo perdió todo... En fin, somos gente que vive en la miseria, los más pobres de los pobres”, explica William S., un hombre al que la gente identifica como uno de los líderes de la que llama La Comunidad, donde la canción del venezolano Alí Primera Las casas de cartón tiene una impactante vigencia. “Tenemos aproximadamente mil familias y unos 600 menores de edad, en su mayoría muy pequeños o que están siendo amamantados. Aquí la mayoría de familias han llegado a apartar un terrenito con la esperanza de que se les construya una vivienda digna, como dice la Constitución de la República, es a lo que tenemos derecho”, reivindica William S., aunque todavía no ve con claridad cuál será el futuro de estas personas que han construido sus casas con cuanta cosa han recogido de las calles: cartones, láminas, plásticos negros e incluso hierba. Desde la carretera Panamericana, La Comunidad parece un campamento improvisado de damnificados de algún desastre natural. “En los últimos 30 años no hay precedentes de esto. Sólo recuerda situaciones anteriores de destrucciones por terremotos”, explica a EL PAÍS María Eugenia Pohl, ingeniera que trabaja con una constructora española en Nicaragua y conoce a fondo los problemas de infraestructuras de la región. La profesional agrega: “Esta situación sólo me recuerda al plantón que hizo un grupo de campesinos el año pasado en Managua. Ellos, cientos de personas, incluidos menores de edad tomaron durante meses los parques cercanos al centro de Gobierno para exigir atención y una indemnización por haber sido afectados por un insecticida agrícola Nemagón, en las plantaciones bananeras y que ha generado cánceres en ese grupo de personas”. El pastor evangélico Lisandro Abarca, de las Asambleas de Dios y quien acompaña espiritualmente a La Comunidad, asegura que “es propicio, en este fin de año y después de las celebraciones de Navidad, que aquellos que tienen mucho y que se han dado gusto en los grandes centros comerciales se compadezcan de esta gente que no tiene nada, sino sólo necesidades”. El lugar carece de agua potable, electricidad y sistema de desagüe. “En poco tiempo, aquí habrá un foco de infección; el polvo y la variación del temperaturas de la época enferma a los niños. La falta de letrinas es grave”, advierte Abarca. En El Salvador existe un déficit de más de 540.000 viviendas, en una población de menos de seis millones de habitantes, según la Asociación Salvadoreña de Ingenieros y Arquitectos (ASIA). La casi totalidad del segmento de la población que no posee una vivienda digna es porque no tiene capacidad de endeudamiento y carece de empleo formal. En toda la región centroamericana, desde Panamá a Guatemala, con más de 30 millones de habitantes, el déficit de vivienda es de más de 3,3 millones de unidades. La situación social se agrava porque el 50% de la población de la región es pobre —la mitad de esta cifra se encuentra en situación de extrema pobreza—, escasea el empleo y, para colmo de males, es una zona que año tras año es víctima de desastres naturales como terremotos y huracanes. Además, especialmente en Guatemala, Honduras y El Salvador, se mantienen unos altísimos índices de inseguridad, crimen organizado y de la violencia ejercida por las pandillas llamadas maras, que están provocado nuevos fenómenos como migraciones hacia el extranjero y desplazamientos internos, según expertos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

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