Escúchenos en línea

Cara de la miseria a la par de la presidencia guatemalteca

AFP. Desde Ciudad Guatemala. | 14 de Enero de 2008 a las 00:00
Lorena Tepeu acaba de recibir una visita especial en su humilde casa situada a orillas del relleno sanitario o vertedero de basura de la zona 3, en pleno corazón de la capital guatemalteca, convertido desde hace años en su lugar de trabajo. La secretaria de Estado de Francia para Asuntos Extranjeros y de Derechos Humanos, Rama Yade, que representa a su país en la toma de posesión del socialdemócrata Alvaro Colom como presidente de Guatemala este lunes, ha conocido de cerca la realidad de este paupérrimo y sucio barrio, al que la organización no gubernamental francesa ATD Cuarto Mundo abre todos los jueves una ventana a otro mundo con sus bibliotecas de calle y sus clases de pintura y trabajos manuales. "Sería fácil decirle a mis hijos que trabajen pero de nada me serviría a mi", asegura Lorena Tepeu, una mujer menuda y vivaracha que pasa nueve horas diarias removiendo basura para seleccionar los envases de plástico, el papel, el aluminio o el nylon con los que al final de la jornada, en el mejor de los casos, obtendrá 45 quetzales (unos seis dólares). "Yo no quiero que mis hijos sufran en medio del agua, el sol y el polvo del relleno sanitario, porque un día lo van a cerrar y quiero que estudien para que tengan mejor futuro", dice Tepeu que estudió hasta sexto grado. Con 39 años, viuda y cinco hijos, de los que cuatro siguen a su cargo -la mayor está casada y tiene una hija- con la llegada de ATD Cuarto Mundo, a Lorena Tepeu se le abrió también un resquicio para hacer realidad sus sueños. "Son como mi familia. Ellos le dedican a mis hijos el tiempo que yo no puedo", dice tras recordar que a su marido lo mataron hace cinco años a escasos metros de su casa de un tiro en la cabeza al ser confundido con otro. "Con mi marido hablábamos de que queríamos darles educación para que un día se enorgullezcan de nosotros", dice esta menuda mujer que no se arredra ante nada ni nadie: "A mis hijos les digo que vayan con la cabeza alta. Podemos tener la ropa sucia y los zapatos rotos, pero yo valgo igual que cualquier persona". Su hija Katerina, 14 años, que escucha silenciosa a su madre sentada en una cama en la penumbra de la humilde vivienda, mientras el resto de los niños juega en el diminuto patio entre bolsas de basura y perros callejeros, quiere ser "secretaria bilingüe". La de Tepeu es una de las 3.000 familias que trabajan como “guajeros” en el vertedero de basura del centro de la ciudad, situado a escaso un kilómetro de la casa presidencial que a partir de este lunes ocupará Colom, para lo que necesitan un permiso de la alcaldía renovable cada seis meses. Pero el caso de los Tepeu es quizá la excepción en este mundo sin esperanza. El rostro más negro de la falta de futuro lo encarna en este lugar nauseabundo José Ramiro Beltrán, 17 años, nuestro “guía” espontáneo para sobrevivir en el peor de los mundos imaginables. Con la suciedad adherida a la piel, la mirada extraviada por el “solvente”, la droga que esnifa desde los 8 años y que le dio una vuelta más de tuerca tras la "desesperación" por la muerte de su padre, trata de aferrarse como puede a la ventana que se le entreabre cada jueves, pero sabe que la batalla está perdida: "me falta voluntad" para dejar la droga. Lo que no es difícil de entender cuando confiesa que los otros dos hermanos que viven con su madre también se drogan, y seis de los 12 que una vez integraron la familia, han muerto.

Descarga la aplicación

en google play en google play