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Herencia millonaria deja legado de pleitos en Panamá

Ciudad Panamá. Por Gerardo Reyes, El Nuevo Herald. | 31 de Marzo de 2008 a las 00:00
Wilson C. Lucom solía comentar con su fiel chofer panameño el dilema que lo asediaba respecto al destino que quería dar a su herencia: no sabía, recuerda el chofer, si donarla a un fondo de recompensas para capturar a Bin Laden o entregarla a los niños pobres de Panamá. Antes de su muerte en la capital panameña el 2 de junio del 2006, el excéntrico millonario de Palm Beach resolvió su dilema en favor de los menores indigentes, destinando gran parte de su patrimonio de unos $50 millones a una fundación que llevaría su nombre, según el documento conocido por El Nuevo Herald. Pero el testamento desató una estrepitosa batalla legal en cinco jurisdicciones legales del mundo que ha dejado en suspenso lo que se considera el mayor legado filantrópico en la historia de Panamá. Una conocida familia panameña que salió mal librada en la supuesta repartición de la herencia, ha desplegado una impresionante ofensiva legal para pedir la anulación del testamento y acusó de fraude y estafa al albacea de la sucesión. Dos versiones diametralmente opuestas chocan en torno a la última voluntad del millonario: por un lado el abogado de Palm Beach, Richard S. Lehman, quien fue suspendido como albacea de la herencia, asegura que la viuda y algunos de los hijastros de Lucom quieren apropiarse del dinero que le corresponde a los niños. "Por más de un año, desde la muerte de Lucom, Hilda y la familia Arias, han reconocido que soy el único obstáculo a su codicia'', escribió Lehman en uno de sus numerosos memoriales. Por otro lado, los abogados de la viuda, Hilda Antonia Piza Blondet, con quien Lucom se casó en terce- ras nupcias, argumentan que Lehman esgrimió la popular causa de la niñez desamparada como un pre- texto ingenioso para echarle mano a los fondos a través de un fideicomiso creado por él mismo en la isla caribeña de Nevis. "En esta historia el único niño pobre es Lehman que está pidiendo que se reparta el pastel'', dijo a El Nuevo Herald uno de los abogados de la firma Infante, Pérez, Almillano, que representa a la viuda. "Es el peor ejemplo de un perseguidor de ataúdes que hemos conocido, es un señor que pareciera que ha inventado una sucesión que trata de colocarlo a él como único heredero'', agregó uno de los cinco hijos de la viuda. Los abogados de la familia y el hijo de Hilda que participaron en la entrevista, la concedieron con la condición de que no fueran identificados individualmente por cuanto la viuda no estaba presente. En el centro de la querella hay una finca ganadera en Panamá de 2,900 hectáreas valuada en unos $50 millones, además de propiedades en la Florida y California. Y alrededor del conflicto zumban los rumores de la inquisidora sociedad del istmo que apuntan a que la decisión de Lucom, que no se distinguió por ser un hombre muy generoso, fue una venganza pós- tuma contra una familia que lo despreciaba. "En Panamá la alta sociedad sabía que el gringo los iba a desheredar'', comentó un personaje que prefirió no ser identificado. "Tenía ciertas amarguras con los hijastros porque después de que salvó la finca de los bancos, lo deja- ron solo, lo dejaron clavado con la finca'', agregó un empresario. Lehman no tiene dudas de que la decisión de su amigo de dejar su fortuna a los niños pobres fue una revancha por la manera como lo trataban sus hijastros. "Un día me dijo, ‘jejeje, ya verán mi testamento' '', comentó el abogado al recordar que en una oca- sión en que Lucom fue invitado a una cena en la casa de su hijastra, le sirvieron el plato en la cocina para evitar sus comentarios provocadores a invitados de la sociedad panameña. La viuda y sus hijos han dicho que la relación con el padrastro estadounidense fue siempre armoniosa. El cuestionado testamento de Lucom ordena que el dinero sea invertido en la compra de semillas para producir alimentos en las poblaciones donde hay niños pobres. "No está claro que esa sea su voluntad'', afirmó la firma de abogados de Hilda. A la octogenaria viuda, a quien se refiere en el testamento como ‘‘mi amada esposa'', Lucom le dejó una pensión de $20,000 mensuales; a su hijastra en Palm Beach $200,000, y un millón de dólares para la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota. A cada uno de los hijos de Hilda les reconoció una única suma de $50,000, que es superada por la que le donó a su chofer, Israel Tejada, de $75,000. Un jurista independiente, que conoce el caso pero pidió no ser identificado porque eventualmente tendrá que pronunciarse en torno al tema, explicó a El Nuevo Herald que la solución del conflicto radica en un punto más sencillo que toda las compLejidades que han enredado el proceso: establecer si el tes- tamento se hizo cumpliendo con la normas notariales o no. Mientras una corte superior resuelve el tema central, el litigio no parece tener límites. La firma que representa a la familia denunció a Lehman por homicidio culposo alegando que fue responsable de la muerte del anciano a sus 88 años cuando agonizaba en un centro de salud de la capital aquejado por un cúmulo de enfermedades. Un tribunal desestimó los cargos. Pero lo que más asombró a Lehman, dijo, es que la firma de abogados logró que Interpol expidiera en noviembre de 2007 una alerta roja internacional en contra suya y de su abogado en Panamá, Víctor Crosbie, basándose en una orden de captura de la fiscalía que había sido anulada en septiembre de ese mismo año. "Nos pusieron una alerta roja, como si fuéramos unos terroristas y con base en una orden judicial que no estaba vigente'', afirmó Lehman a El Nuevo Herald. Lehman, a su turno, demandó por intento de soborno a Héctor Infante, socio de la firma de aboga- dos, ha demandado en Palm Beach por calumnia al periódico El Panamá América, del cual es vicepresi- dente Gilberto Arias, hijo de la viuda, y ha distribuido cientos de finos folletos de pasta dura escritos en inglés y español en los que denuncia las supuestas jugadas fraudulentas de los abogados de la familia. En una carta enviada a Infante, Lehman le advirtió que si no llegaban a un acuerdo publicaría los folletos, lo que Infante consideró como una extorsión. En medio de la batalla legal han surgido los detalles de la contenciosa vida de Lucom, un ex funcio- nario del Departamento de Estado durante la época del presidente Franklin D. Roosevelt, que en diciembre de 1990 sorprendió a los lectores de The Washington Post con un aviso en el que pedía al entonces presidente George Bush que soltara una bomba atómica en Irak. "El público en general tiene malentendidos acerca de la bomba de neutrones'', dijo entonces Lucom. ‘‘Es más bien humana. Los rayos de neutrones no destruyen propiedades, sólo soldados enemigos. Y si no los mata, los incapacita por 10 años''. Lucom, quien nació pobre en un pueblo minero de Pennsylvania, se casó a mediados de los años 50 con Virginia Willys, la heredera del conglomerado de los vehículos Jeep quien también tenía hijos de otro matrimonio. Willys murió en 1981 y Lucom se hizo experto en el despiadado mundo de las herencias conflicti vas consultando libros de jurisprudencia en la biblioteca municipal de Palm Beach para contrarrestar las pretensiones de los hijos de su esposa que lo demandaron, según Lehman, su abogado durante mas de 30 años. Unos días antes del juicio, recuerda Lehman, durante un careo de las partes, Lucom se puso de pie y sin permiso leyó un pasaje de una sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos que amonestaba a aquellos abogados que abusan del sistema legal y le advirtió a los representantes de sus hijastros que se gastaría ‘‘hasta el último centavo'' para arruinarlos. "Caballeros, vamos a juicio pronto, en el juicio ustedes van a arruinar la memoria de mi esposa, ustedes van a decir que yo me casé y ella tenía problemas mentales, nosotros tuvimos 27 años de un hermoso matrimonio, y les voy a decir que en el momento en que ustedes arruinen su memoria, voy a usar hasta el último centavo que tengo y los voy a seguir hasta el útimo rincón de la Tierra y los voy a arruinar financieramente hasta el día que ustedes mueran''. Al día siguiente, agregó Lehman, las partes llegaron a un acuerdo extrajudicial. A raíz de esta victoria, varias familias acaudaladas de Palm Beach que estaban en medio de reyertas por sucesión de bienes, lo buscaron, entre ellas Margaret Rockefeller la nieta del magnate John Rockefeller. Lucom no abandonó sus causas políticas de ultraderecha. Fundó la organización Accuracy in Media y se hizo editor del semanario Washington Iquirer, bastiones de la derecha mediática. Lucom se gastó $70,000 de su bolsillo para pagar una firma de cabilderos en Washington que trató de sacar adelante un proyecto de ley mediante el cual se creaba un fondo billonario privado. El fondo sería utilizado para pagar recompensas de $500 millones a $1,000 millones a quienes entregaran vivo o muerto a las autoridades estadounidenses a cualquier líder internacional que pusiera al mundo al borde de una guerra mundial. El proyecto no llegó ni a un primer debate. En 1982, Lucom se casó con Hilda Piza, viuda de Víctor Arias, hijo del ex presidente de Panamá Harmodio Arias y nieto del tres veces presidente del país Arnulfo Arias. Lucom volvió a estar en las noticias cuando en septiembre de 1990, vendió su mansión de 15 habitacio- nes con vista al mar al príncipe Khalid bin Sultan, el sobrino del rey de Arabia Saudita, por un pre- cio que rompió el récord de ventas de casas de lujo de Palm Beach: $14.3 millones. "Tengo 73 años'', comentó entonces Lucom, "y quiero ver el mundo''. Dicen que Lucom lo vio todo en Panamá.

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