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Gran alegría en carnaval de Panamá

Ciudad Panamá. Prensa Latina | 26 de Febrero de 2020 a las 07:51

Una suerte de trance en Panamá se percibe en la multitud que se entrega al éxtasis del desenfreno estimulada por la estridente música, mientras chorros de agua empapan a los bailadores en una artificial lluvia torrencial.

Los 'culecos' o 'mojadera' son el alma del carnaval en Panamá y el medidor de la calidad de las fiestas populares más esperadas del año, donde la muchedumbre escapa de su lucha diaria y hasta empeñan los más preciados valores a cambio de dinero para el 'guaro' (bebidas alcohólicas).

El panameño lleva la celebración como un rito obligado, donde la división de clases no se percibe -aunque existe-, olvidan diferencias, discriminación, pobreza, religión y cuantas cosas cotidianas carga a cuestas una sociedad inconforme, para la cual este no es momento de protestar.

Vanos intentos del llamado a la cordura desde los templos, o incluso de ciertas posturas oficiales calificadas de machistas por regular la ropa 'sugerente' en las mujeres, chocan contra el muro impenetrable de las costumbres y los pobladores defienden esas horas de evidente libertinaje como su fuga de los cánones sociales.

A decir verdad, videos y fotos en redes sociales muestran los excesos de una conducta, donde la clásica moral cuasi escolástica estalla en pedazos como rebeldía a cadenas de códigos impuestos y deja al desnudo el yo interno reprimido.

El contagio de persona a persona crea una especie de histeria colectiva, donde la risa y la alegría se expresan en el contoneo de los cuerpos mojados al ritmo de la percusión, estimulados por artistas y conductores que desde las tarimas llaman a la enajenación en un clima donde el subconsciente se deja arrastrar a la hipnosis.

Desesperados llamados de líderes religiosos para apartarse de lo que consideran diversión satánica, apenas encuentran oídos en un puñado de creyentes que decidió irse a un retiro espiritual alejado del bullicio citadino que se repite en cada concentración urbana del país.

Otros, en cambio, prefieren disfrutar del impasse de los feriados carnavalescos o quizás no mezclarse con el vulgo y se quedan en casa o emprenden viajes a zonas de recreo dentro del país y en el extranjero, pero sin censurar la fiesta popular que es parte intrínseca de su identidad.

A las seis de la mañana de hoy la muchedumbre acompañó al Entierro de la Sardina, que marcó el fin de las fiestas como es costumbre en la capital desde hace 120 años, para deshacerse de todo lo malo y entregarse a la jornada religiosa que se inició este Miércoles de Cenizas.

Los pecadores de los culecos inundarán los templos en la cuaresma que obliga al ayuno, respetado por una numerosa masa de creyentes, la cual ve en ingerir pescado la posibilidad de comulgar con sus ídolos después de la desobediencia catalizada por los festejos.

El humor criollo aprovecha para burlarse de que intencionalmente la fecha del pecado antecede a la abstinencia religiosa para expiar las culpas, incluso en la venidera semana santa; mientras, el morbo arranca sonrisas cuando especula que se debe observar el incremento de la natalidad nueve meses después del carnaval.

Oraciones, rezos, arrepentimientos, cruces de cenizas, agua bendita, inciensos? parecen lavar las faltas de los impenitentes, quienes se sienten así en paz con sus cuerpos, deseos, espíritu y también con Dios; pero, en silencio comienzan el conteo regresivo para las fiestas del Rey Momo en 2021.


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