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Mujeres, el eslabón débil del crimen en Panamá

Ciudad de Panamá. Agencias | 8 de Marzo de 2020 a las 11:36

Entre el 2016 y los dos primeros meses del 2020, cerca de 191 mujeres fueron asesinadas bajo distintas circunstancias; sin embargo, 87 de estos casos han despertado el interés de autoridades y expertos por el grado de violencia que imprime el o los victimarios al momento del crimen.

De la saña y el morbo asociados a la crueldad que son sometidas las víctimas, también surge la interrogante sobre el grado de participación que está teniendo la mujer en el crimen organizado que cobra en promedio más de 400 vidas por año en el país.

Aunque históricamente las mujeres han estado vinculadas a delitos, la directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá (Icrup), Bélgica Bernal, sostiene que algunas de las muertes violentas de mujeres son únicamente el resultado de la correlación que estas tienen con algún miembro de grupos delincuenciales.

Lo dicho por la experta nos lleva a casos como el de la joven de 22 años de edad, Ashley Cedeño, alias "La Diabla", quien murió a manos de sicarios junto a su pareja identificada como Glenfford Small Rodríguez, alias "Piky", quien tenía un prontuario judicial por pandillerismo, narcotráfico y líder de un grupo denominado "Gente Decente".

Otro caso reconocido fue el asesinato de Zuleika Jackeline Falcón Batista, alias "La Patrona", en diciembre de 2019 en Chepo. Falcón estuvo detenida por intentar ingresar drogas a un centro penitenciario.

Desde el Instituto de Criminología y las propias autoridades se han identificado mujeres que tienen pequeñas organizaciones que iniciaron con grupos como "Las Dormilonas", que se especializaban en el hurto, delito que ha evolucionado en fraudes bancarios, clonación de tarjetas, extorsión por teléfono y similares.

Igualmente, se ha observado la diversificación de los delitos cometidos por las mujeres en el país, que pueden incluso estar asociadas al concepto de empoderamiento, igualdad y competencia con el hombre, detalló Bélgica Bernal.

No obstante, a pesar de que es una realidad la participación de mujeres en hechos delictivos, las autoridades no identifican a ninguna mujer como potencial líder de estos grupos organizados.

"Se sospecha que algunas mujeres han participado en capturas y asesinatos, pero hasta que no se capturen y se les enjuicie como jefas de banda o como propiciadoras no se puede decir que las mujeres están presidiendo o liderando el crimen organizado en Panamá", aclaró la directora del Instituto de Criminología de la Universidad.

Para Bernal la realidad es que muchas de las mujeres que están tras las rejas son utilizadas para servir a la justicia, o para pagar condenas de su pareja o familiares, o son asesinadas en medio de un ciclo de venganzas por guardar relación con personas vinculadas a delitos.

Según datos de la Dirección General del Sistema Penitenciario, solo el 20% de la población delincuencial en Panamá son mujeres, pero cerca del 80% de ellas están arrestadas por trasiego de drogas, por esconder mercancía, participar del menudeo, por estar vinculada a un miembro activo de un grupo criminal, detallan en el Instituto de Criminología.

"Pagan por ser mujer, supuestamente la parte más débil de la delincuencia, pero si delinquen, les va peor, y son victimizadas doblemente, porque tienen hijos que no pueden criar, y parejas que no pueden atender por estar cumpliendo condenas", sostiene Bernal.

Con esto coincide el investigador social Gilberto Toro, quien le ha dado seguimiento a la evolución de la pandilla en Panamá. Toro sostiene que la dinámica de una mujer dentro de una pandilla se reduce a encubridoras, protectoras, señuelos, dar coartadas para sus parejas en actividad ilícita, ofrecer cobijo, escondites, sustento emocional, trasiego de la droga, y no como líderes de estas organizaciones.

"No son miembros activos ni importantes dentro de la estructura pandilleril, son hermanas, madres, esposas, o vecinas que tienen un valor sentimental para los miembros de las pandillas, lo que las hace blanco para venganza o mensajes de advertencias entre enemigos", indica Toro.

De esta manera, podemos citar un caso reciente ocurrido en el sector de Chumical, en el distrito de Arraiján, donde una mujer y su hijo de tres meses fueron asesinados en medio de un ajuste de cuentas entre bandas, a una de las cuales pertenecía su pareja sentimental.

Jóvenes son el blanco

De acuerdo a estadísticas de la Unidad de Homicidio del Ministerio Público, el promedio de edad de mujeres asesinadas en los últimos años está entre los 18 y 36 años.

Esto no sorprende al investigador social, Gilberto Toro, quien asegura que la atracción de jóvenes hacia líderes de bandas o organizaciones criminales no es un tema de clase social.

"Ser la pareja de un miembro prominente de una pandilla o del crimen organizado es atractivo para las jóvenes, sobre todo aquellas que buscan reconocimiento sobre otras mujeres, respeto, recursos o retribuciones personales", concluye.

Para la directora del Icrup esto es consecuencia de los más de 70 mil crímenes a los que están expuestos los menores de edad entre 1 hasta los 8 años a través de las redes sociales y los medios de comunicación, que al complementarse con situaciones de vejaciones, violencia y maltrato, son impulsados a estos círculos delincuenciales donde terminan o en la cárcel o muertos, como fue el caso de algunas mujeres en los últimos años.

Bélgica Bernal insiste en que urge reforzar el empoderamiento de la mujer, a través de la educación e instituciones que les garanticen emprendimiento, así como seguridad.


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