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Condiciones socioeconómicas de Centroamérica favorecen violencia juvenil

Agencia ACAN-EFE. Desde San José. | 28 de Agosto de 2006 a las 00:00
Las condiciones de pobreza, desintegración familiar y tolerancia a la violencia, son un caldo de cultivo que favorece la delincuencia juvenil en Centroamérica, advirtió un estudio de la Fundación Arias para la Paz presentado este lunes en Costa Rica. Según la investigación realizada entre 2000 y 2005, los "hombres entre 13 y 29 años, con escasos recursos y oportunidades, son las principales víctimas y victimarios de la violencia en la región". Ana Yancy Quirós, coordinadora del informe "La cara de la violencia urbana en América Central", explicó en rueda de prensa que la delincuencia juvenil no es exclusiva de los grupos más desposeídos, pero sí se expresa con más claridad en estos estratos. Un factor determinante que ha ayudado a la proliferación de delincuentes juveniles es la disponibilidad de armas en la región, pues se calcula que hay tres millones de armas ilegales en circulación, además de las 700.000 oficialmente registradas, advierte el estudio de la Fundación Arias, que encabeza el presidente costarricense, Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz de 1987. Los jóvenes centroamericanos tienen diferentes organizaciones y cometen diversos tipos de violencia. Por ejemplo, algunos sólo participan en actos de violencia estudiantil, que se limitan a los centros educativos, especialmente a los públicos, indicó Quirós. Las llamadas "barras" están integradas por grupos de amigos de un mismo barrio, que se reúnen en las calles del vecindario y pueden ocasionar disturbios callejeros, pero carecen de líder y generalmente no usan armas. El consumo de licor y drogas, con una concepción territorial de ciertas áreas, caracteriza a las pandillas. Estos grupos están integrados por de 10 a 40 miembros, que se dedican a robar cosas en los automóviles, causar daños a la propiedad privada y al hurto, utilizando normalmente armas blancas. Las "maras" (pandillas), que se han convertido en un verdadero problema de seguridad en Guatemala, Honduras y El Salvador, son organizaciones armadas, de carácter territorial, con estructura jerárquica y que utilizan símbolos externos, especialmente tatuajes. Según la investigación, tienen entre 50 y 200 miembros, quienes ven como enemigos naturales a otras "maras" y deben mantener una lealtad hacia su grupo. "Las maras se dedican al vandalismo, robo, homicidios, violaciones y venta y distribución de drogas; además, cobran rentas y peajes a los habitantes de las zonas donde operan", señaló Quirós. Los jóvenes centroamericanos también conforman bandas de crimen especializado relacionadas al sicariato, robos y asaltos bancarios, secuestros y narcotráfico, para lo que disponen de armas de grueso calibre y recursos especializados. La investigadora destacó que la mayoría de los jóvenes que cometen actos de violencia "sufrieron maltrato, abuso o violencia intrafamiliar en sus hogares, experimentaron situaciones de abandono, no han tenido acceso a la educación y la cultura y son incapaces de integrarse al mercado laboral". Por esta razón, el estudio asegura que las medidas represivas adoptadas por los gobiernos del área no solucionarán el problema de la delincuencia juvenil, pues se trata de un problema integral de la sociedad y debe ser abordado desde esta perspectiva.

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