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Nostalgia por la paz en la Suiza de Centroamérica

Isabel Soto Mayedo, de Prensa Latina. Desde La Habana, Cuba. | 18 de Septiembre de 2006 a las 00:00
Ni la llegada al poder del Premio Nobel de la Paz Oscar Arias, resolvió detener la ascendente ola criminal en Costa Rica, presentada por lo general como la Suiza de Centroamérica. Ciudadanos de todos los sectores sociales, costarricenses y extranjeros emigrados, sienten nostalgia por la calma perdida en ese territorio centroamericano, donde aumentó el robo de autos y a viviendas y los delincuentes comenten un asalto por hora. En apenas ocho meses, se reportaron en esta nación cuatro mil 500 atracos y en la mayoría de los casos, los autores portaban armas de fuego, admitió el Organismo de Investigación Judicial. También ocurrieron dos mil 517 robos de vehículos, a razón de 14 por día, y alrededor de dos mil 883 casas fueron saqueadas solo en la capital, San José, presentada como modelo de tranquilidad ciudadana por medios de comunicación locales y foráneos allá por los años 80. Esta populosa ciudad, en especial sus localidades de Desamparados, Goicoeche y Montes de Oca, registra el mayor índice de hechos violentos en todo el país, con tres mil 327 asaltos hasta el 30 de agosto. Aunque las autoridades insisten en que tales cifras responden a la escasez de recursos disponibles para la seguridad, académicos y analistas coinciden en que son motivadas por la progresiva elevación del costo de la vida y al aumento de la pobreza. Más de 120 mil personas carecen de empleo en Costa Rica y esta cifra puede incrementarse si se comparan los datos registrados de manera progresiva en el último lustro con la cantidad de desocupados detectados. Desde 2000 hasta 2005, las personas sin trabajo aumentaron de manera progresiva de 71 mil 935 a 126 mil 165, admitió el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica. Si a esto se añade la posible entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pendiente de aprobación en la Asamblea Legislativa desde octubre de 2005, pocas dudas quedan de la tendencia al agravamiento de tal problema social. El acuerdo será sometido a votación definitivamente en diciembre de este año y los analistas consideran probable su legitimación, por interés de la actual administración. También en apenas un año el colón, la moneda local, se devaluó más de una vez frente al dólar y los precios de los productos de primera necesidad continuaron incrementándose desde el anterior. Esto, y el desequilibrio en los costos de la gasolina y otros carburantes, se suma a una deficiente estrategia gubernamental en relación con la atención a quienes sobreviven en barrios de marcada depauperación como Los Cuadros o La Carpio. El ascenso de la disparidad social se refleja entre los cantones ticos: el poder adquisitivo de los habitantes del marginal barrio capitalino León Cortés apenas alcanza el 30 por ciento del de sus vecinos del opulento Escazú, según organismos internacionales. Mientras las autoridades se desentienden de ese desequilibrio, emisoras radiales, televisivas y publicaciones periódicas impulsan una campaña contra los extranjeros y sobre todo, contra los nicaragüenses. La creciente violencia suele ser atribuida a ese grupo poblacional extranjero y tal sentimiento se trocó en el 2005 en criminales reacciones de corte xenófobo alrededor del asesinato de cuatro ciudadanos oriundos de ese país. El más alarmante y publicitado de estos casos ocurrió a inicios de noviembre de 2005, cuando un nicaragüense fue despedazado por dos perros rotweiller al intentar penetrar en una vivienda ajena. Videos filmados por aficionados reflejaron el modo pasivo en que los policías que acudieron al lugar, luego de ser avisados por los vecinos, se negaron a rescatarlos de las mordidas de los canes. Posterior al hecho, gran parte de la opinión pública demostró su conformidad con la actuación de los policías, pues se trataba de un "ladrón, que estaba invadiendo una propiedad privada", como habían expresado las autoridades. Pero no son los extranjeros culpables de la criminalidad, pobreza, mortalidad infantil u otros males en Costa Rica, pues el resquebrajamiento del Estado tico data de antes del arribo masivo de esa comunidad en el contexto de los conflictos armados de los 80. La falta de vigilancia en áreas de riesgo es evidente en zonas capitalinas, donde "para ver a los policías hay que hacerles una foto y pegarla en la pared", como expresó Bryan Murillo, vecino de Curridabat.

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