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Huelga profundiza la crisis hospitalaria en Guatemala

Agencia AFP. Desde ciudad Guatemala. | 2 de Octubre de 2006 a las 00:00
Su esposa fallecida, 4 de sus 5 hijos en una casa-hogar y él tendido en la cama 46 de cirugía B del hospital Roosevelt a la espera de una operación de tráquea desde hace casi siete meses. La vida del campesino guatemalteco Adán Leonardo Hernández depende de una operación cuya realización está sujeta a la huelga de médicos que protestan por la falta de equipo y material médico. Hernández fue víctima de un ataque armado por problemas de tierra el 9 de marzo pasado en la aldea San José Mangales, Sayaxché, en el departamento de Petén (norte), y desde el 16 de marzo se encuentra en el nosocomio de la capital guatemalteca a la espera de una operación de tráquea para poder alimentarse normalmente. "No recuerdo hace cuánto tiempo me subieron a sala de operaciones porque me dijeron que me iban a operar, pero antes de entrar me volvieron a bajar porque llegó un paciente que tenían que operar de emergencia y hasta el momento sigo a la espera de mi operación", afirmó Hernández a la AFP. Hernández forma parte del 80% de la población guatemalteca, estimada en unos 13 millones de habitantes, que vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema, y que por ende recurren a los hospitales públicos en busca de atención médica. "Mi madre vive en Zacapa (este), es muy pobre y está muy enferma, mis hermanos también son pobres y por eso no pueden cuidar a mis hijos, que un amigo los cuidó por cuatro meses pero ya no pudo y consiguió colocarlos en una casa hogar de Chimaltenango (oeste)", relata Hernández con la voz entrecortada. Desde su llegada al nosocomio, este campesino es alimentado a través de suero, pues si ingiere algún tipo de comida o bebida, por tener la tráquea rota, se le puede ir a los pulmones. Los ojos de Hernández se llenan de agua al recordar que en los casi siete meses que tiene de estar internado en el centro asistencial sólo una vez ha podido ver a sus cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, y sostiene que casi ni lo reconocían por la pérdida de peso, acutalmente pesa 95 libras (cerca de 45 kilos). Su angustia también se acrecienta cuando recuerda que no pudo asistir al funeral y entierro de su esposa, quien pereció en el ataque armado, a manos de los hijos de un finquero llamado Carlos Arana, quien les disputaba parte de un terreno que el juzgado de Sayaxché había otorgado a Hernández y su familia. "Le expuse mi problema al presidente (Óscar Berger), cuando vino aquí, pero hasta el momento no he tenido ninguna respuesta de los doctores. Nadie me dice nada y no sé qué hacer, pues ya no aguanto. No sé qué pasa con mi hija mayor (16 años), que ya está casada, ni con los demás", lamenta Hernández. Al parecer, la espera de Hernández por una intervención que le permita recuperarse y velar por el bienestar de sus hijos se prorrogará indefinidamente, pues hasta el momento médicos y autoridades sanitarias mantienen el pulso, los primeros exigiendo y los segundos tratando de no ceder. Ahora se espera la intervención de una comisión de alto nivel, convocada por el Gobierno e integrada por sobresalientes médicos guatemaltecos, pueda lograr que las partes en conflicto retomen el diálogo para encontrar una solución que ponga punto final a la crisis.

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