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Pandillas, gran dolor de cabeza de nuevo presidente El Salvador

San Salvador. Reuters. | 18 de Marzo de 2009 a las 00:00
Bañados, acicalados y ocultando sus tatuajes con mangas largas, algunos miembros de las temidas pandillas de El Salvador se integraron a la población general para votar en la elección presidencial celebrada el domingo. La Mara 18 y su rival la Mara Salvatrucha son pandillas cuyas redes criminales se extienden desde Los Ángeles, hogar para una diáspora de salvadoreños, hasta Centroamérica. Mientras que por las noches aterrorizan las calles de San Salvador, la mayoría de los pandilleros guarda un bajo perfil durante el día, cuando sus característicos tatuajes pueden hacer que sean arrestados o asesinados por sus rivales. Muchos de ellos fueron persuadidos para votar en los comicios presidenciales por un grupo de enlace entre la sociedad y las pandillas, que han convertido a El Salvador en uno de los países con más asesinatos en el mundo. "Tenían bastante miedo, pero los dimos ropa con manga larga, les quitamos la tendencia, el "look", de pandilleros", dijo Luis Romero, un ex integrante de la Mara 18 que ahora trabaja con la organización "Homies Unidos", orientada a frenar la violencia de las pandillas. "Fueron sólo unas cuantas docenas, pero es muy importante que voten y que piensen en el mundo más allá del suyo", explicó. Con una depresión económica golpeando al ya limitado mercado laboral, las pandillas serán uno de los principales dolores de cabeza para el izquierdista Mauricio Funes, quien ganó la elección del domingo. "Debería de ser una de sus principales preocupaciones", dijo Mark Jones, profesor de ciencias políticas de la Universidad Rice. "El problema de las pandillas se ha mantenido estable por algún tiempo, pero estable a un nivel muy malo y la crisis económica lo hará peor", explicó. Se calcula que unos 25,000 pandilleros están detrás de los 10 a 12 asesinatos diarios en El Salvador, una nación de sólo 5,7 millones de habitantes. Además, las maras venden drogas, realizan encargos para los cárteles del narcotráfico, asaltan a inmigrantes ilegales y extorsionan a negocios. "Es incómodo y me duele porque yo podría dar ese dinero a alguien que lo necesita", dijo Reynaldo Salinas, dueño de un club nocturno, que entrega unos 100 dólares -equivalentes al salario mensual del empleado de una fábrica- a un par de jóvenes tatuados que mes a mes llaman a su puerta. Incluso niños de 7 años llegan a sumarse a sus filas, y pronto se vuelven ferozmente leales a sus "familias adoptivas". La política de mano dura del saliente Gobierno de derecha lanzó redadas contra los pandilleros, que abarrotan las prisiones donde sólo perfeccionan sus habilidades criminales. Funes ha prometido crear programas de asistencia social para que más jóvenes sigan estudiando y mantengan unidas a las familias.

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