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En El Salvador, mucha gente tiene cementerios en patios de sus viviendas

Agencia Reuters. Desde San Francisco Los Reyes, El Salvador. | 2 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Gabriel Pineda, un campesino de 56 años, ya reservó el lugar donde estará su tumba: una parcela en la que habitan dos de sus familiares y donde están enterrados otros diez más. Enterrar difuntos en los patios de las casas es una tradición, pero también es una necesidad entre las casi 200 familias de San Francisco Los Reyes, un pequeño poblado a unos cinco kilómetros al sureste de Zacatecoluca, en el centro del país, explicó Pineda. "Porque es más barato, así no se paga transporte ni el impuesto municipal que cobran en los cementerios," dijo sonriente el campesino mientras observaba los coloridos arreglos florales en las tres tumbas del patio de las viviendas de sus familiares, quienes se levantaron temprano para celebrar el Día de los Difuntos." Los empobrecidos habitantes no tienen miedo de vivir cerca de las sepulturas de sus seres queridos. "Así no nos dan miedo, pues son nuestras familias o amigos," dijo Pineda. Y para muchos de los pobladores, no importa si poseen o no parcelas, pues vecinos de la comunidad dan permiso para que los amigos sean sepultados en sus terrenos. "Yo no tengo donde me entierren, porque no tengo nada, pero aquí los amigos le dan a uno donde," dijo Carlos Flores, de 65 años. La zona, una antigua hacienda de algodón, fue fraccionada hace años entre familias pobres que viven principalmente del cultivo de granos o melones. La pobreza aumentó durante la guerra civil que finalizó en 1992, debido a la migración de muchas familias que habitaban en zonas conflictivas, lo que también incrementó la práctica de sepultar a los muertos en los patios familiares. La alcaldía de Zacatecoluca no prohíbe esa práctica y según funcionarios es una costumbre cuyo origen se desconoce. "Es una tradición en esa zona rural, pero no es solo por pobreza," dijo a Reuters el administrador de los dos cementerios municipales, Francisco Montes. Los habitantes del poblado recuerdan en ese Día de los Difuntos a amigos o vecinos de la comunidad fallecidos. Marinely Hernández, de 24 años, llegó temprano a limpiar el sitio -frente a una casa abandonada y al lado de un cerco de alambre de púas- donde fue sepultada hace tres años Cristina Hernández, una anciana de 80 años. Acompañada de sus hijas Estefany, de cinco años, y Kenia, de tres años, limpió la maleza y colocó flores color naranja y amarillo. "Vengo a enflorar porque era bien contenta conmigo y porque su tumba está abandonada," dijo la joven mujer.

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