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Gobierno de Guatemala pone fin a prisión ilegal

The New York Times | 4 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Justo en medio de este diminuto país había un lugar de aproximadamente 5 hectáreas, rodeado por alambres de púas totalmente, donde lo equivocado era correcto. La República Independiente de Pavón, como los guatemaltecos llegaron a conocerla, era en realidad una prisión. Sin embargo, no había custodios controlándola.

Por Marc Lacey, The New York Times

Todas y cada una de las personas en la disfuncional propiedad, localizada más o menos a media hora de la capital, Ciudad de Guatemala, eran forajidos, desde la élite gobernante hasta los sargentos que llevaban a cabo las órdenes. Quienes se atrevían a cruzarse con los convictos más notorios eran enviados a una sombría cámara de castigo, conocida como el Polo Norte. Pavón llegó a su inusual condición hace una década, después de que funcionarios gubernamentales crearon un comité de presos para que ayudaran a controlar la prisión. El encierro, construido para 800 personas pero con el doble de población, solamente se volvió peor, y al poco tiempo los guardias ya no ponían un solo pie en Pavón. "El gobierno renunció a su responsabilidad hace mucho tiempo", dijo un diplomático occidental que ha vigilado los sucesos ahí. "El lugar se convirtió en un infierno en la tierra". Sin embargo, el estatus independiente de Pavón se detuvo abruptamente a finales de septiembre, cuando el gobierno, luego de varios meses de planeación, decidió recuperar la prisión. El 25 de septiembre, miles de soldados y agentes de policía irrumpieron a través de sus puertas en un ataque sorpresivo, efectuado en las primeras horas de la mañana. Lo que las autoridades descubrieron los dejó perturbados: salones de billar, burdeles, cámaras de aislamiento y centros de computación, dirigidos en su totalidad por algunos de los convictos más temidos de Guatemala. La criminalidad ha repuntado a lo largo de Centroamérica en años recientes, una parte de la cual se relaciona con pandillas, otra con narcotráfico, secuestros, y otras empresas criminales. En Guatemala, Pavón era uno de los principales centros de operaciones criminales, donde se producían drogas, mujeres que eran traficadas desde otros países eran víctimas de abusos, y un centro para amasar armas y automóviles robados. Los presos no cedieron su territorio de manera voluntaria el 25 de septiembre, devolviendo los disparos de los oficiales invasores, pero a las pocas horas, los hombres que se habían gobernado desde hacía tanto tiempo, se convirtieron en prisioneros una vez más. "Ahora nos sentimos confinados", dijo uno de los reos. Le clavó la mirada a un visitante que comentó que esa era la idea. "Era un estado dentro de un estado", dijo el secretario del Interior, Carlos Vielmann Montes, quien ayudó en la dirección de la redada. "La gente pregunta por qué esperamos tanto tiempo. Queríamos hacerlo bien". Con el paso de los años, se habían producido otros intentos, aunque fallidos, por recuperar Pavón. Esta vez, Alejandro Giammatei, el nuevo director carcelario del país, juró hacerlo bien. El y otros oficiales sentaron las bases durante varios meses. Primero, ellos tuvieron que encontrar un lugar para mudar a la población de Pavón una vez que el gobierno tomara el control del sitio, ya que necesitaría una renovación. El día de la ofensiva, la prisión fue rodeada por agentes de policía y soldados, al tiempo que vehículos blindados y helicópteros estaban preparados cerca de ahí. Sin embargo, astutos prisioneros hicieron sonar una alarma y los presos tomaron posiciones defensivas. Las autoridades no lanzaron una carga inmediata, decidiendo más bien probar con la guerra psicológica. A través de megáfonos, amenazaron con matar a cualquier reo que no se rindiera; muchos lo hicieron. "Es degradante, inhumano, y un caos esto; totalmente desprovisto de autoridad", dijo el Presidente de Guatemala, Oscar Berger, en el lugar. Siete prisioneros fueron muertos en el ataque, incluido Luis Alfonso Zepeda, un asesino convicto que era el líder del Comité de Orden y Disciplina en Pavón. Algunos oficiales afirmaron que Zepeda ganaba hasta $25,000 al mes dirigiendo la prisión, contando el alquiler de lotes de tierra a otros reos para construir casas. Pavón creció hasta convertirse en algo similar a una sociedad, con su propia y desviada forma de operar. Líderes electos les cobraban por todo a los prisioneros, desde televisión por cable hasta servicio de Internet de alta velocidad, así como encuentros con prostitutas. "Parecía más un barrio que una prisión", dijo José Samuel Suasnavar, subdirector de la Fundación Guatemala para Antropología Forense. "Yo no vi ninguna reja. Ellos estaban viviendo como podían hacerl afuera". Esto es, la élite. Las condiciones en Pavón eran sombrías para la mayoría de los reos, pero los jefes tenían sus propias cabañas, algunas acondicionadas con refrigeradores, televisores, tinas de hidromasaje y gimnasios caseros. El hecho de que toda la mercancía entrara a la prisión deja entrever la cooperación de corruptos custodios apostados en las entradas. Muchos ex presidarios, que actualmente cumplen sus sentencias en una cárcel de la cercanía, dicen que extrañan Pavón.

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