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San Miguel, centro de extorsiones de El Salvador

Diario La Opinión, de Los Ángeles, California. Desde San Miguel, El Salvador. | 23 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Las paredes sin grafitti, las calles libres de jóvenes tatuados y una aparente tranquilidad comercial esconden la angustia de las personas que viven en la segunda ciudad más importante de El Salvador, quienes son amenazados para que paguen "la renta", como le dicen popularmente a la extorsión.

Por Yurina Rico, diario La Opinión, de Los Ángeles, California.

Cualquier persona en la calle tiene una historia que contar. Ya sea un empresario o un trabajador, el ciudadano común es o conoce de alguien que está siendo extorsionado. Testimonios extra oficiales hay muchos, pero personas que quieran dar la cara y contar su experiencia son pocos. Carlos Alemán, un taxista independiente, no solo se atrevió a dar su nombre -lo cual es raro por el miedo imperante- sino hasta ser fotografiado. Su tranquilidad se basa en que las personas que lo amenazaban desaparecieron hace tres semanas. "Todas las semanas nos pedían 5 dólares y había que pagarlo para poder trabajar. Al principio nos pedían mucho más, pero cuando entendieron que si les dábamos más íbamos a quebrar, ellos comprendieron que la extorsión la debían manejar como cualquier otro negocio y permitirnos que sobreviviéramos", dijo Alemán a La Opinión mientras esperaba clientes en las afueras del Metrocentro, el centro comercial más grande de la zona oriental del país. Alemán no tiene idea qué le pudo haber sucedido a los extorsionistas, lo único que sabe es que en cualquier momento otros criminales pueden volver a amenazarlo. Will Salgado, alcalde de San Miguel, dijo que las extorsiones sí han disminuido en San Miguel y que posiblemente se deba a dos factores. El primero es que San Miguel ha exportado las extorsiones a otras partes del país. "Hay un fenómeno que no tiene nombre ni apellido. De repente están apareciendo uno o dos muertos diarios de personas que habían andado pidiendo extorsiones en los últimos tres meses… quizá la gente cuando no aguanta toma en sus manos los problemas y los afrontan personalmente", señaló el alcalde, quien también es un importante empresario de la ciudad. Carlos Alemán se atreve a relatar su historia porque sus extorsionadores han desaparecido hace tres semanas, según relató. Foto: Yurima Espino/La Opinión. Salgado añadió que la gente no se siente segura y que la aparente tranquilidad y disminución de las denuncias, sólo refleja la falta de credibilidad en las autoridades. Datos de la Policía Nacional Civil, división de San Miguel, indican que las extorsiones han bajado en un 80 por ciento en el último mes después de que en agosto los empresarios denunciaron y exigieron al gobierno una solución a la delincuencia. Las estadísticas de la zona oriental revelan que en agosto del 2006 se registraron 46 denuncias de extorsión y el número bajó a 17 en septiembre. Para Oscar René Aparicio, vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria, el hecho que haya menos denuncias significa que la gente tiene miedo. "La gente no quiere denunciar porque dentro de la policía hay gente que le avisa a estos (extorsionistas) y no estamos hablando de supuestos, hay gente que ha sido asesinada por haber denunciado y otros que han sido amenazados cinco minutos después de dar parte a la policía", dijo Aparicio. "Que haya bajado en un 80 por ciento las denuncias no quiere decir que las extorsiones estén disminuyendo". El mismo jefe de la división operativa de la región oriental de la Policía Nacional Civil (PNC), José Rigoberto García Calderón, concordó con Aparicio en que las extorsiones se siguen dando y que son una rama del negocio del crimen organizado. "El delincuente proviene de un sistema organizado, sus estructuras están bien cimentadas y ordenadas al punto que al denunciarlos, ellos se van a estar enterando de quien está denunciándolo y eso implica un riesgo para su vida", subrayó García Calderón. El jefe de la PNC agregó que las maras no son la cabeza de la estructura organizativa, sino sólo son la mano de obra barata de la cual se aprovecha el crimen organizado. "Los mareros por sí solos no pudieron haber llegado a este nivel… la cabeza tienen que ser una persona con poder y poder económico, porque para tener poder hay que tener poder económico", dijo García Calderón. Agregó que hay personas que tienen el perfil, pero que por falta de pruebas no pueden actuar. "Ese es el reto de la policía, mejorar las técnicas investigativas", acotó. Mientras tanto la población está tratando de sobrellevar las presiones de los extorsionistas pagando de acuerdo a sus posibilidades económicas. Por ejemplo, Berta Alicia, residente de Chirilagua, quien utilizando un canasto vende vegetales en las calles de San Miguel, paga 2 dólares por semana por vender en dos barrios. Los extorsionistas saben quien es, a donde vive y hasta sus ingresos mensuales. Julio Ernesto, un taxista de la cooperativa Metro Taxi que opera en el centro de San Miguel, dijo a manera de broma que los extorsionistas deberían dar una factura para evitar pagar dos o más veces por semana. "Nos deberían dar un carné con la fecha y monto de pago para cuando andemos en la calle y nos pregunten otros miembros de la mara, podamos enseñarlo y nos dejen de molestar", dijo el taxista. Los cobradores de la "renta" que por lo general son mareros que les avisan personalmente a las víctimas el día pasarán recolectando el dinero y sin temor alguno dan la cara. Nadie se escapa de las garras de la extorsión. Una señora de edad avanzada, Francisca Solis, residente en las afueras de San Miguel, recibe todos los meses 200 dólares de su hijo que se fue "mojado" a Estados Unidos. A ella le pidieron 600 dólares como primer pago de la "renta" y le informaron que tendría que pagar una cuota mensual. Ella avisó a la PNC y el día que el marero llegó a recoger el dinero lo atraparon. Sin embargo, la policía no está tratando de identificar a la persona que le dio la información a los mareros sobre la cantidad que recibía la anciana.

Will Salgado un alcalde controversial

Will Salgado, actual alcalde de San Miguel, es una de las figuras más controversiales de la política salvadoreña no sólo por su pintoresca forma de expresarse, sino porque en la década de los noventa fue señalado por las autoridades como miembro de la organización clandestina La Sombra Negra. La Sombra Negra ejecutó a mareros y supuestos criminales comunes dejando como marca un rótulo en el que se explicaba escuetamente el motivo del asesinato, como por ejemplo "asesino de cinco de personas". Salgado enfrentó cargos ante la justicia salvadoreña por participar en esta organización clandestina que fue aplaudida por la ciudadanía, pero fue absuelto por falta de pruebas. Ahora el hombre fuerte de San Miguel que cuenta con entrenamiento militar, enfrenta uno de los desafíos más grandes en la vida pública: ayudar a que cesen las extorsiones. En estos tres meses desde que la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, filial San Miguel, denunció que los empresarios estaban siendo víctimas de extorsiones, ¿qué ha pasado en estos tres meses? ¿Cómo ha estado esta situación? Primero lo denuncié yo. Después la cámara de comercio. Con la denuncia se hizo un pequeño movimiento de la policía de San Miguel y anduvieron trabajando un poco, pero luego se volvieron a ir; pero a pesar de que la policía se volvió a ir, la situación ha mejorado muchísimo… y los extorsionistas grandes que habían, muchos se han ido a delinquir al resto de los 14 departamentos del país, o sea se han ido. Hemos exportado la extorsión a los otros departamentos pero debido a un fenómeno que no tiene nombre ni apellido de repente están apareciendo uno, dos diarios de los que andan pidiendo extorsiones muertos, sin explicación ya más de 20 van ya ¿Mas de 20 en cuanto tiempo? Tres meses ¿Y no dejan nota? Nada ¿Qué esta pasando? ¿El regreso de la sombra negra? No, quizá la gente cuando no los aguanta, si como son bien descarados, a diario llegan a pedir a veces, el empresario dice si me voy para Estados Unidos, de ser jefe aquí a ser empleado allá. Como que no es buena idea, vender sus cosas e irse a un país centroamericano tampoco entonces como que están tomando los problemas y los afrontan personalmente. ¿Usted como ve esta situación? Es un pueblo desesperado sin credibilidad en las autoridades, y cualquier persona desesperada hace cualquier cosa Y usted como alcalde, ¿qué puede hacer? Como alcalde ponerme a rezar junto con los que están rezando, parte uno. Parte dos hacer lo que un alcalde puede hacer. Nosotros estamos trabajando en áreas recreativas deportivas estamos haciendo eventos deportivos para entretener a los jóvenes, pero más de ahí no podemos hacer, porque no tenemos el poder que nos faculte para tomar medidas más drásticas.

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