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Manuel A. Noriega, de fiel aliado a enemigo de EEUU

París. Agencias. | 25 de Junio de 2010 a las 00:00
El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, que será juzgado en París acusado de lavado de dinero de la droga en la década del 80, fue un militar sin escrúpulos, agente de la CIA vinculado a Pablo Escobar y a Fidel Castro, que quizá imaginaba una vejez tranquila en París. Pero a los 76 años de edad y con una salud delicada, Noriega tendrá en cambio que responder ante un tribunal sobre el origen del equivalente en francos a 2,3 millones de euros depositados en aquel tiempo en Francia, que según la fiscalía provenían del cártel de Medellín. Nacido en febrero de 1934 en el Darién, limítrofe con Colombia, en el seno de una familia pobre de origen colombiano, Noriega abrazó muy joven la carrera militar dejando atrás, por razones económicas, su deseo de ser psiquiatra. Tras participar en 1968 en un golpe militar contra el presidente Arnulfo Arias, comenzó su ascenso al defender al general Omar Torrijos contra una tentativa de derrocamiento, convirtiéndose en uno de los militares más cercanos del caudillo nacionalista, que lo puso directamente al frente de los servicios de inteligencia. En 1973 Noriega dirigía el servicio de inteligencia de la Guardia Nacional de Panamá. Desde esa época, había sido enrolado como espía de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), omnipresente en Panamá para vigilar el Canal. Luego de la muerte en 1981 de Torrijos en un misterioso accidente de aviación, tras la negociación de los tratados que aseguraron la devolución del Canal a Panamá, Noriega se convirtió en el hombre fuerte del país. En el marco de las guerras civiles que azotaban a la vecina Centroamérica, Noriega fue capaz de jugar en varios frentes, lo que le permitió mantenerse durante casi 20 años en el poder, pasando de aliado fiel a enemigo número uno de Estados Unidos, con la llegada a la Casa Blanca de George Bush padre (1988-92), antiguo patrón de la CIA. En 1983, las Fuerzas Armadas, la policía, el departamento de inmigración, el control aéreo y la administración del Canal estaban bajo el control único de Noriega, general y comandante en jefe de la Guardia Nacional. Según testimonios recogidos por la justicia estadounidense, Noriega se jactaba en aquellos años de tener "excelentes relaciones" con las "más altas autoridades francesas". Quizá ello explica que el ex dictador "cerrara los ojos" para dejar pasar por el Canal los convoyes nucleares que sirvieron para las pruebas nucleares francesas en el Pacífico, señalaba semanas atrás el semanario satírico francés Le Canard Enchainé. A medida que avanzaba la década, Washington empezó a aislarlo y la represión interna se intensificó. En 1986, una filtración de la inteligencia norteamericana llevó al diario The New York Times a cuestionar el papel de Noriega en el asesinato, dos años antes, de un opositor que fue decapitado. Un nuevo golpe recibió en 1987 cuando un ex jefe del Estado Mayor, el coronel Roberto Díaz Herrera, lo acusó de corrupción, fraude electoral y de ser responsable del accidente aéreo que costó la vida a Torrijos. Aunque Noriega conservó cierto apoyo popular gracias a un discurso tercermundista, esas acusaciones desencadenaron manifestaciones en Panamá. El Senado estadounidense le exigió abandonar el poder pero el militar se negó y desafió al vecino del Norte, que lo acusó de complicidad en tráfico de drogas. El 20 de diciembre de 1989, tropas estadounidenses lideraron una cruenta invasión en Panamá -en la que murieron cientos de civiles- para derrocar a Noriega, que estuvo refugiado dos semanas en la Nunciatura antes de rendirse. Transferido a una prisión de Florida, fue condenado a 40 años de cárcel por la justicia estadounidense, que le reconoció como "prisionero de guerra". La condena fue sucesivamente reducida a 30 y a 17 años por buena conducta, que cumplió en septiembre de 2007. Francia lo condenó en ausencia en 1999 a diez años de cárcel por lavado de dinero del narcotráfico y pidió su captura y extradición, que el 26 de abril de 2010 firmó Hillary Clinton, jefa de la diplomacia de Estados Unidos.

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