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La violencia es imparable en Guatemala

Guatemala. Por Julio Fumero, Prensa Latina. | 7 de Enero de 2011 a las 00:00
Temor, ira, estupor, reclamo, son expresiones de las más comunes este viernes en Guatemala entre la ciudadanía ante la imparable y sádica violencia imperante. ¿Será que no podremos salir a la calle, tomar una camioneta (ómnibus) con un mínimo de tranquilidad y tener la garantía de un regreso seguro a casa?, dijo a Prensa Latina Víctor Paniagua, joven empleado de una tienda de víveres y otros enseres. Su interrogante resume el clima de zozobra predominante, principalmente en esta capital, ante los hechos violentos con que ha comenzado 2011, caracterizados en varios casos por un mayor nivel de crudeza como se avizoraba ya desde el año pasado. Víctor debe atravesar diariamente buena parte de la ciudad, desde una zona nada estable, para abrir el establecimiento antes del amanecer, trayecto que confesó siempre hace en vilo, ahora más que nunca. El se mueve en autobús, uno de los principales blancos de ataques contra propietarios, conductores y sus ayudantes cuando se niegan a pagar la cuota exigida por las bandas so pena de ser asesinados. O simplemente cuando uno o más forajidos llevan a cabo un atraco entre los pasajeros, víctimas en innumerables ocasiones de balaceras dentro del propio vehículo, sea por enojo del asaltante o por el intento de repelerlo de algún usuario armado. Fresca está aún la acción perpetrada contra uno de los ómnibus del servicio público de rutas cortas en esta urbe, cuya ejecutora directa fue una mujer de apenas 19 años, la cual levantó una ola de repudio entre la población todavía en curso. Siete muertos y varios heridos por quemaduras provocó entre los pasajeros el estallido de una bomba incendiaria en su interior, una brutal represalia de los extorsionistas al pensar que la empresa no había desembolsado su cuota. Un hombre perdió a la esposa y dos de sus hijos en el incendio, en tanto el tercero de estos está al borde la muerte en un hospital, un caso de honda repercusión tornado en algo insólito, cuenta este viernes la prensa. Por su condición humilde esa persona recibió solidariamente cantidades de dinero para costear el funeral, pero cuando velaba a sus seres queridos se le acercó alguien para amenazarlo de muerte si no entregaba lo recaudado a la mara. De más está decir que el acongojado esposo y padre tuvo que abandonar después su área de residencia para, por lo menos, tratar de no ser localizado. Recién anoche los avances noticiosos en televisión y radio comenzaron a difundir otro hecho como para infartarse. Desde una moto -medio preferido por los sicarios- fue tiroteado un auto y el saldo no pudo ser peor: un bebé de dos meses de nacido y sus progenitores perdieron la vida por los múltiples impactos recibidos. Nada pudo hacer el joven padre por proteger a su hijo, como otros sí lo logran al ser baleados, y las crudas imágenes televisivas divulgadas demostraron la saña de los atacantes. Casi simultáneamente, nuevos reportes mencionaron el hallazgo del cadáver decapitado de una mujer de 70 y tantos años, uno más a la cuenta de las al menos 10 muertes violentas ocurridas ayer en varios puntos del país, la gran mayoría en esta ciudad. ¿Cómo se podrá vivir en nuestra amada Guatemala con tamaña inseguridad y sin que pueda ser detenida?, respondió a Prensa Latina un reconocido investigador de asuntos sociales al preguntarle su opinión. Los detalles ofrecidos por él fueron amplios acerca de las estructuras de la delincuencia, sus modus operandi, nombres de cabecillas confirmados -encarcelados o no-, lugares donde se agrupan y muchos otros. Y el propio interrogado fue una muestra más del temor prevaleciente en el ciudadano común o de imagen pública, pues pidió no ser nombrado ni divulgar lo revelado "para no buscarme un problema". Las autoridades insisten en la disminución de los índices delictivos por las acciones de las fuerzas policiales, apoyadas hace unos meses en las calles por efectivos militares, pero a sus críticos no bastan los alegados éxitos. Sobre esta situación, y cuando realizaba su labor cotidiana, una conductora de noticias en televisión pronunció una frase significativa: "la violencia rebasa los límites de lo tolerable".

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