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Autoridades preocupadas a 23 años del gran terremoto en Guatemala

Ciudad Guatemala. PL. | 4 de Febrero de 2011 a las 00:00
Una buena parte de los guatemaltecos llevan aún hoy muy grabadas en sus mentes las escenas de devastación provocadas por el terremoto del 4 de febrero de 1976. A 35 años de aquel sismo de 7,6 grados en la escala de Richter prevalece otra generación en el país, a la cual aquellos momentos solo llegan por referencias, pero quedan muchos de los que sufrieron tamaña tragedia en carne propia. Las 3:03,33 hora local marcó el inicio de aquella onda desatada en las entrañas de la tierra y de una duración tan desesperante como 49 segundos, liberadora de una energía equivalente a la explosión de unas dos mil toneladas de dinamita, según cálculos científicos. Datos oficiales de entonces mencionaron un saldo de 23 mil muertos, 76 mil heridos, 375 mil damnificados y más de un millón de viviendas, puentes, carreteras, edificaciones públicas y de servicios vitales perdidos o con serios daños. De 12 placas tectónicas existentes en el mundo Guatemala está sobre tres, y aquella vez la causante del movimiento telúrico fue la falla de Motagua, que atraviesa el 80 por ciento del territorio nacional. El epicentro fue localizado 150 kilómetros al noroeste de esta capital, en el centroriental departamento de Zacapa, y el hipocentro aproximadamente a cinco kilómetros de profundidad. Crónicas de la época relatan la desolación, dolor, desesperación, de los instantes inmediatos y del largo tiempo de recuperación por las secuelas. Por ello las autoridades relacionadas con la prevención de desastres muestran su preocupación ante cierta inconsciencia de gran número de guatemaltecos sobre la vulnerabilidad de su suelo originario, altamente sísmico. Recuerdan que en 1976 ocurrieron 10 mil deslaves producto del terremoto y, sin embargo, hasta estos días crecieron a un ritmo alarmante los asentamientos en laderas y barrancos, de los cuales solo en esta capital y municipios periféricos hay mucho más de 300. Ahora no son pocos los especialistas en la esfera de la construcción que ante la eventualidad de otro sismo de alta magnitud presagian menos destrucción material pero mayores pérdidas humanas. Argumentan que si bien en la actualidad las edificaciones son mucho más resistentes a las de entonces, cuando prevalecía el adobe como material constructivo, en buena parte de ellas no existen rutas de escape ni escaleras para emergencias. La estampida por el terror de quedar atrapadas provocaría muchas muertes en el desespero por alcanzar las calles y no tener suficiente espacio para abandonar rápido los locales, según sus afirmaciones. No obstante, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres posee planes para esa y demás contingencias por eventos naturales de cierta efectividad, demostrada durante los acaecidos a partir de finales de mayo pasado.

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