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Trayectoria de La Primerísima

Radio La Primerísima, fundada el 27 de diciembre de 1985, fue una de las radioemisoras creadas durante los diez años de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre el triunfo revolucionario de 1979 sobre la dictadura de Somoza, y la derrota electoral de 1990.

La historia de esta radio tiene dos grandes etapas: Primero como propiedad del Estado, hasta 1990, y luego como propiedad de los trabajadores, a través de la Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragüense (APRANIC), hasta el día de hoy.

Antes de 1985, la frecuencia era utilizada por Radio Deportes, que funcionaba con una potencia menor, estaba instalada en otro lugar y se dedicaba, como su nombre indica, exclusivamente a los deportes. Se le ocurrió al director de CORADEP (Corporación de Radio Difusión del Pueblo) de entonces crear una radio matriz para todas las radios del Estado. Se mandó a armar un transmisor de 10 kilos, se volvió a equipar las cabinas de audio, y se cambió la programación, aunque manteniendo el peso en la programación deportiva. CORADEP quería que la nueva radio fuera la emisora matriz de las 18 emisoras municipales que había en el país. Hasta ese momento, el problema de las emisoras municipales era que los hechos que sucedían en las provincias, no eran conocidos en la capital. La Primerísima debía ser entonces la caja de resonancia. Su razón de ser era distribuir un informativo nacional, llamado “Aquí Nicaragua”, que se lanzaba a la cinco de la mañana, además de pasar bloques de música, programas dramatizados y deportes.

El nombre de la radio tiene su origen en Radio Deportes. “Se nos ocurrió que como el slogan de Radio Deportes era ‘Radio Deportes, la primerísima’, para qué íbamos a seguir buscando, le pusimos La Primerísima”, recuerda Oscar Oviedo, su primer director. Hasta entonces Oviedo era Sub-Director General de CORADEP: “Llegué en un tiempo de crisis laboral, sindical. Me trasladaron de León a Managua para hacerme cargo temporalmente, pero me dejaron dos años como Director interino de CORADEP. Cuando se fundó La Primerísima, pedí que me dejaran a cargo de la dirección de la radio, donde estuve los dos primeros años.”

William Grigsby, Director de La Primerísima, tiene otra versión sobre el nombre de la radio: “Acababan de nombrar a un publicista, Juan Bosco Parrales Director de CORADEP, para que salvara las radios departamentales y les diera una coherencia. Él estaba obsesionado con crear una radio matriz, y como él conocía la Radio Cubanísima en Miami, por homologación le puso a esta La Primerísima. El inventó el nombre, yo me opuse al principio. En esa época yo trabajaba en el Departamento de Propaganda del Frente Sandinista.”

Cuando La Primerísima era todavía una radio del Estado, tenía una doble dirección. Por una parte dependía de CORADEP, un aparato burocrático que servía de intermediario entre la dirección política del FSLN y las radios. En CORADEP se definían las políticas informativas, mientras los aspectos administrativos se resolvían en la emisora, dirigida por Oscar Oviedo.

Desde 1985 la radio se trasladó a sus instalaciones actuales, una casa que había sido confiscada por el Estado al triunfo de la Revolución Sandinista. Está situada en la frontera entre tres barrios de Managua: William Díaz, Marta Quesada y Bolonia. La composición del barrio ha cambiado en años recientes. Hacia el norte es un barrio acomodado, de inclinación liberal. Hacia el este es un barrio bastante pobre, y hacia el oeste es un barrio de clase media. En un perímetro de unos dos kilómetros a la redonda, están los ocho canales de televisión de Managua y por lo menos siete radios y seis agencias de publicidad.

“Esta casa era del Jefe de Seguridad de la dictadura de Somoza, el Coronel Bayardo Girón. Aquí se torturaba, traían sandinistas capturados y los torturaban. En lo que es ahora la sala de locución, había una mesa de concreto donde amarraban a los presos. Eso nos contó uno de los vecinos, Don Carlos Trejo”, afirma William Grigsby.

Un aspecto interesante de esa primera etapa, es que todos los que trabajaban en la radio, tanto en la parte administrativa como en la de prensa, eran muchachos y muchachas que estaban empezando, recién salidos de la universidad. Dice Oviedo: “Los únicos que eran ya muy conocidos eran los locutores, todos ellos eran triple A y doble A, es decir, vacas sagradas, acostumbrados a trabajar en las mejores franjas horarias. Allí surgió un conflicto entre los viejos experimentados y la nueva camada de jóvenes. Aún así logramos hacer que esta radio compitiera con todas las demás y alcanzara a través de los años el segundo lugar de audiencia que tiene ahora. Se impuso el dinamismo, la buena voluntad, las ganas de hacer las cosas. Nadie andaba pensando si ganaba más o ganaba menos, todos ponían de su parte. Se hicieron programas atractivos, de mucha audiencia, sobre todo para los jóvenes. Con la incorporación de William Grigsby se pudo estructurar todo el aparataje informativo que ahora es lo esencial en esta radio.”

Las limitaciones técnicas no fueron obstáculo para lograr los objetivos que el equipo inicial se había trazado: “En la época de nuestros inicios, aún sin tener recursos, hacíamos por ejemplo transmisiones en directo, con unidades móviles, que daban la impresión de que teníamos la capacidad de transmitir simultáneamente desde cinco lugares diferentes de Managua. Sin embargo, lo que sucedía en realidad era que teníamos cinco compañeros que se subían a los postes de teléfono, se robaban una línea telefónica un rato, y hacían la transmisión desde allí”, recuerda Oscar Oviedo.

En la parte informativa, decidieron dos cosas fundamentales: por una parte ofrecer la noticia inmediata, que tenía que ser transmitida en el momento, desde el lugar donde ocurría por la modalidad más adecuada (teléfono prestado, alquilado, lo que fuera); y por otra, hacer un noticiero con una perspectiva nacional, que tomara en cuenta a la población en ámbitos diferentes de cada departamento y de cada región.

“En lo político –dice Oscar Oviedo- siempre hemos mantenido el criterio de que esta radio tenía que ser una radio crítica, pero objetiva. Aquí las críticas se lanzan con fundamento, con la información en la mano.”

La segunda etapa de la radio comenzó en marzo de 1990, cuando los trabajadores de Radio La Primerísima fundaron la Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragüense (APRANIC) y solicitaron al gobierno sandinista la donación de la frecuencia, los equipos y los bienes inmuebles donde operaba la emisora. En abril de 1990, René Núñez Téllez, Ministro de la Presidencia, firmó la donación de los bienes solicitados. Así nació La Primerísima como una radio de propiedad de los trabajadores.

Recuerda Oscar Oviedo: “Nosotros ya habíamos ensayado lo que era una radio del Estado, y una combinación de radio con apoyo estatal y a la vez comercial y rentable. De modo que en la perspectiva de un cambio de gobierno después de las elecciones, vimos que si la radio continuaba siendo del Estado, corría el riesgo de ser desmantelada por el siguiente gobierno, ya que era un proyecto específico de la Revolución. No era justo entregarla para que la destruyeran. Lo más práctico era crear una figura jurídica que permitiera a los trabajadores, que la habían desarrollado con mucho esfuerzo, asumir la responsabilidad de continuar. Fue allí que se pensó en una asociación sin fines de lucro, y se fundó APRANIC. Los estatutos fueron sometidos a la Asamblea Nacional (el Parlamento), y una vez que fueron aprobados y publicados en la Gaceta Oficial, se hizo el traspaso de los bienes de la radio a APRANIC.”

La Gaceta, el Diario Oficial, en su número 73 del lunes 16 de abril de 1990, publica el Decreto A.N. No. 219 en el que se reconoce la personalidad jurídica de la Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragüense (APRANIC), como “asociación civil sin fines de lucro, con duración de 50 años”. Los estatutos de APRANIC rezan: “El objeto principal de la Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragua, es impulsar programas de capacitación técnica para elevar el nivel profesional de los asociados; promover la radiodifusión participativa y comunitaria en Nicaragua; desarrollar programas radiales en cualquier lugar de Nicaragua y fuera del país; apoyar la enseñanza académica del arte radiofónico para formar profesionales de la Radiodifusión; impulsar y fortalecer la unidad de los artistas, técnicos, locutores, periodistas y trabajadores de la radio en Nicaragua, coadyuvando a su cohesión a través de proyectos especiales que la Asociación ejecute.”

Para cumplir con esos objetivos, APRANIC se dotó de dos órganos superiores: la Asamblea General, de la que son miembros todos los trabajadores y también otras personas que se identifican con los fines de la asociación; y la Junta Directiva, que se renueva cada dos años y es elegida por la Asamblea.

En la primera asamblea de APRANIC se decidió tener una personalidad independiente, revolucionaria, anti-imperialista y democrática. Además, se acordó que la prioridad en el plano administrativo era la cancelación de los servicios básicos y los impuestos, y recién después los salarios. Esas grandes decisiones iniciales han gobernado toda la historia de la radio.

APRANIC es una asociación sin fines de lucro, que tiene 70 miembros, trabajadores de la radio y otros que estuvieron vinculados a la radio en algún momento, pero se mantienen vinculados a la emisora aunque ya no trabajen aquí. La personería jurídica se obtuvo antes de que tuviera lugar el cambio de gobierno de 1990, pero los estatutos los aprobó un año más tarde el gobierno de Doña Violeta Chamorro.

“Al principio, no solamente se nos entregó la radio, sino también el taller electrónico que servía a todas las emisoras, con un importante lote de repuestos y de vehículos. Pero en aquel momento de confusión después de la derrota, los trabajadores del taller lo ocuparon y lo saquearon. Allí se perdió en apenas un mes un capital aproximado de 300 mil dólares”, recuerda William Grigsby. “También son parte de nuestro patrimonio otras propiedades: el edificio donde funcionó el Centro de Capacitación; el local donde funcionaba el taller, donde ahora tenemos las oficinas de APRANIC (y alquilamos a otras organizaciones una parte de las oficinas) y la planta transmisora en las afueras de Managua. Teníamos una quinta propiedad, que era el edificio central de CORADEP, pero nosotros se lo devolvimos a su antiguo dueño cuando nos demostró que el edificio no había sido confiscado y que pertenecía a su madre. Se lo devolvimos a condición de que nos reconociera lo que habíamos gastado en arreglos, y con el dinero que él nos devolvió construimos las oficinas donde ahora funciona APRANIC en el terreno donde antes solamente había la bodega del taller”.

Entre los miembros de APRANIC no hay solamente periodistas, sino también personal administrativo y gente que nunca ha trabajado en la radio. “Son miembros plenos las afanadoras, la recepcionista, la administradora, la contadora, la gestora de ventas, los técnicos de control, los ingenieros técnicos, los chóferes, los técnicos de la planta o “planteros” como les decimos nosotros”, explica Grigsby. El único requisito para ser miembro de APRANIC es trabajar en la radio por un periodo no menor de seis meses, o demostrar interés por la radio, como es el caso de algunos amigos de La Primerísima.

Está por ejemplo la señora Maximina Laguna, que desde que se fundó la radio llega a la radio para vender quesillos, chicharrón y tortillas... “Nos conoce a todos, nos ha visto crecer, y por ello la invitamos a ser parte de APRANIC. Ella vive en Nagarote, a 45 kilómetros de aquí, y a pie hace cada día un recorrido por estos barrios, cargando las cosas que vende”. Está también Don Carlos Trejo, vecino del barrio, mecánico de oficio, quien durante muchos años los ha defendido y ayudado, por ejemplo, con la reparación de los vehículos en las épocas en que la radio no disponía de dinero. “También era el primero que llegaba cuando éramos amenazados, nos ofrecía armas, y ese tipo de cosas. Otra señora, Dominga Rivera, venía a vender aquí ropa, cosméticos, etc., se hizo amiga de todo el mundo y la incorporamos a la asamblea”, añade Grigsby.

Todos los trabajadores, desde las afanadoras y los CPF , hasta el director de la radio, son miembros de APRANIC . “Todos con los mismos derechos, incluyendo a Maximina que viene todos los días a vender aquí sus quesillos, y Don Carlos Trejo, un vecino. Este es un colectivo que integra a todos”, dice Rigoberto Solís, cronista deportivo.

En momentos en que la radio fue amenazada, cuando corrió la voz de que el sector “danielista” del Frente iba a ocuparla o a sabotearla, vecinos como Don Carlos Trejo se acercaron para defender a la radio. “Por eso decidimos incorporar a otra gente que ya forma parte de la familia de la radio. Lo mismo sucedió con algunas personas en el exterior que de una u otra manera prestaron su colaboración solidaria para presentar proyectos y hacer gestiones de financiamiento. Hay todavía entre los socios algunos periodistas que ya no trabajan aquí, pero que siguen participando.

Según los estatutos, si pasaran seis meses sin que un socio tuviera participación, podría cesar su condición de miembro, pero en eso somos flexibles”, según recuerda Oscar Oviedo, actual Presidente de la Junta Directiva de APRANIC. Los primeros tiempos no fueron fáciles. “Tuvimos que enfrentar los problemas normales de falta de publicidad, presupuestos limitados del sector privado, de modo que no fue nada fácil. Por otra parte, la situación política: ya no estábamos en el gobierno, sino en el llano. Las presiones eran muy grandes, el rechazo de la derecha y los intentos de influenciarnos desde la izquierda. Dijimos: tenemos que hacer una programación atractiva, y ganarnos el apoyo de la audiencia y la simpatía de la solidaridad internacional, bajo la figura de asociación”, añade Oviedo.

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